Cerebro, ley y monedero

El equipo de casa

Con el cerebro en la mano he de decir que me importa un comino si la mitad de los catalanes, o tres cuartas partes de los andaluces, se sienten tan de su tierra que no pueden ser de ninguna otra; si se consideran nación, país o maceta; si duermen envueltos en una bandera, o si se marean viendo a Piqué con la camiseta de la Roja.

Como dicen hoy los modernos, cada uno chupa el candado que más se aviene a sus gustos. Yo desde pequeño me he sentido muy filipino, muy de Manila, y no se lo he dicho a nadie. Son cosas que vienen así y no se pueden evitar. Lo mismo le pasa a uno de mis hijos, que me ha salido del Tottenham Hotspur y hay que darle de comer igual.

Por ese lado, ya digo, pueden tenerse por todo lo catalanes, aragoneses o murcianos que les quepa en el bulbo raquídeo, o donde radiquen esos sentimientos del terruño. ¡Como para no admitirlo después de que Kafka, siendo checo, escriba en alemán; y siendo judío, le repateen las sinagogas!

Es decir, libertad total.

Con la ley en la mano, el tema cambia bastante. Ya no se trata de que Kafka escriba en alemán. Lo que quiere es borrar el checo, o lo que es peor, obligar a que todos lo olviden, crear fronteras, marcharse, quedarse con lo que se ha construido entre todos… En fin, un follón de mucho cuidado que es poco opinable, o en todo caso, como les dicen a los partidarios del Texit, del Calexit y del resto de separatismos, aquí no hay puerta legal para salirse, salvo que se gane por la fuerza, o se cambie de puerta.

Con el monedero en la mano, ya no sé si me da igual o no. Hay que hacer muchos números y a lo mejor resulta que salimos ganando un pastón con Cataluña fuera de Europa, como el Reino Unido.

O ellos mismos, que se juntan con Londres y nos hacen la pinza.

Ya digo, con el monedero en la mano, ni idea.

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