Es el huevo, no el fuero

Encuesta electoral

Si el tortazo de Sánchez en las elecciones del domingo le deja marca de los cinco dedos en la cara, cabe la posibilidad de que pasemos del no, no, no, al no, no, sí. Eso dicen las fuentes bien informadas.

Lo malo es que hoy existen al menos tres fuentes bien informadas y cada una dice lo que le parece, como los principios de Groucho, que si no te gustan, tiene otros de repuesto.

Decimos el tortazo de Sánchez, que no del PSOE, porque si en otras convocatorias puede estar difuso el éxito o el fracaso a la hora de adjudicarlo al líder o a las siglas, en esta ocasión existe un convencimiento mayoritario de que el señor Sánchez no ha sabido estar a la altura de las circunstancias ni de lejos y que si por él fuese, nos lleva a las terceras elecciones de cabeza para estar otros cuantos meses con la machaquina del gabinete progresista.

Ahora que empiezan a verse traducidos en cifras los efectos demoledores de carecer de gobierno, ahora que el ciudadano ya no percibe la ausencia de pactos como un fracaso político, sino como una frivolidad causada por un puñado de irresponsables, es cuando toca votar en dos frentes y entonces es posible que el sentido del voto se deje arrastrar por impulsos que parecen ajenos a las gestiones de las comunidades en juego, pero que no lo son.

Argumentan quienes defienden a Sánchez desde dentro que los presidentes socialistas que le critican lo hacen por las dificultades económicas a las que se enfrentan por el bloqueo y no por razones ideológicas. ¡Menudo descubrimiento!

Ocurre que esos presidentes no pueden decir a sus administrados que se van a quedar sin dinero para salvaguardar la ideología de su señorito, y que se aprieten los cinturones hasta que al buen hombre le dé por tener sentido de Estado.

Un comentario a “Es el huevo, no el fuero”

  1. Aureliano Buendía

    Como he dicho en días anteriores, el problema de Sánchez y el PSOE es más profundo.

    No creo, en absoluto, que un resultado de las elecciones gallegas y vascas vaya a variar en nada la posición negativa de Sánchez.

    Aparte de defender su pellejo, él cree estar haciendo lo correcto, porque interpreta que con un apoyo más o menos explícito a la investidura de Rajoy soliviantaría a su electorado (al que le queda, se entiende).

    Pedro Sánchez sólo desbloqueará la situación si se ve obligado a desaparecer. Esto es, si un levantamiento de los barones, baronesas y demás fauna interna del PSOE, termina con su fusilamiento (político, por supuesto) en el Comité Federal.

    Como tampoco creo que eso vaya a ocurrir, preparémonos para votar en diciembre, y sin perder de vista la primavera, donde igual nos citamos por cuarta vez con las urnas.

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