¡A fregar!

Manolo el del bombo, interpretando Adeste fideles

Me voy a meter en un charco de ésos que están llenos de agua achocolatada y nunca sabes su calado.

El caso es que en virtud de la normativa “Cero insultos en la grada”, la colegiada Marga Galego suspendió un encuentro de fútbol hasta ser expulsado el espectador que la manda “a fregar platos” porque se trata de un insulto machista.

Interpreto que si al hombre se le ocurre mandarla “a extraer carbón”, el encuentro sigue celebrándose con normalidad, puesto que, al menos en nuestro país, no es habitual ver mujeres en la minería carbonífera y por lo tanto, más que un insulto machista, sería un piropo feminista.

Otra enseñanza de este acontecimiento balompédico es que si enviamos a un árbitro macho “a fregar platos”, el aludido no podría parar el encuentro, puesto que nuestro grito no constituye un insulto por discriminación de sexo, sino la expresión de un deseo de paridad laboral.

“¡Vete a fregar platos!”, chilla el espectador. Esto es: “¡Vete a realizar con dignidad un trabajo sencillo que tradicionalmente correspondió a las mujeres!” El árbitro lo escucharía con regocijo y seguiría a su labor, porque la frase es paritaria y progresista.

¿Qué ocurre si enviamos al árbitro a extraer carbón? ¿Lo estamos insultando por ser ésta una actividad ligada al sexo masculino? ¿Puede el hombre detener la veloz subida del carrilero hasta que nos pongan de patitas en la calle?

Insondables dudas de ética espectadora nos plantea la norma “Cero insultos en la grada”, con la que nos identificamos plenamente, no se vayan ustedes a creer.

Pero como vociferar van a seguir vociferando, les aconsejo fórmulas que no pongan en riesgo la continuidad del partido, como por ejemplo:

_¡Mecachis en la mar! ¡Qué mal pitada ha estado esa zancadilla, amable colegiado/a!

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