La opción sencilla

Borges calumniado

¿Cuántas veces exploraron un gobierno Sánchez e Iglesias? La respuesta se pierde en los anales del 2016. Fueron tantas como las ocasiones fallidas de Jorge Luis Borges para obtener el Premio Nobel sin llevárselo nunca.

Vuelve a estar en las quinielas, se decía para calmar las voces de sus admiradores, que veían cómo año tras año la academia da la espalda al argentino, mientras premia a autores menos meritados.

Unos dicen que fueron sus coqueteos con Pinochet los que le apartaron del premio. No lo creo. Otros opinan que tuvo más influencia la broma malvada que hizo sobre una poesía de Artur Lundkvist, el americanista de la academia sueca y a cuyas orejas llega la burla de Borges. Es más factible.

Nos empeñamos en buscar grandilocuencias para construir floridas explicaciones de lo que pasa, cuando en realidad casi siempre funciona lo que viene a llamarse principio de la parsimonia, o navaja de Ockham; es decir, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable.

¿Por qué se reúnen tantas veces Sánchez e Iglesias? Sencillo. Porque es imposible lo que pretenden, porque acabarían con cualquier principio democrático y porque si dejan de reunirse, pierden interés.

Ahora mismo son como esos actores jovencitos a los que sus representantes les obligan a ennoviarse una vez tras otra, porque de lo contrario no les hacen fotos en las revistas de colorines. Ellos tienen que salir juntos, porque por separado carecen de interés.

Pero ni con ésas. El único interés está en la otra pareja de la que Sánchez no quiere ni hablar y a la que le ha dado constantes calabazas sin darse cuenta de que es la que el guionista elige desde el principio.

Vamos, que tiene que haber boda.

2 Comentarios a “La opción sencilla”

  1. forneas

    Está dando usted muchas veces en el clavo. FELICIDADES

  2. Aureliano Buendía

    Pues ya digo yo que no habrá tal boda, al menos con los contrayentes que propone el Sr. Cora.

    Puede que a las terceras elecciones no lleguen Sánchez o Mariano, o ninguno de los dos.

    Sánchez, en su partido, está más quemado que la pipa de un indio. Sólo falta la más mínima chispa, que provoque la inevitable defenestración.

    Y a Rajoy, en el asunto de la corrupción, no es que le crezcan los enanos, es que adquieren tal talla que sirven para jugar en la NBA.

    Quizá no estaría de más que se largaran, los dos.

    Y me doy cuenta de que la situación es sumamente injusta para Rajoy, ya que, en el mundo conocido, los que se marchan suelen ser los que pierden las elecciones, mientras que aquí se pide que se vaya el que las ha ganado dos veces.

    Pero esta circunstancia no basta para tapar el volumen que están adquiriendo los Bárcenas, Barberás, y demás.

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