La defensa de Soria

Juan y Simeón, columnistas

Una de las pocas voces que se alzaron en defensa del nombramiento de Soria para el Banco Mundial ha sido la de Manuel Conthe, expresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, asesor de Ciudadanos y persona de habitual presencia en los medios como experto que es en asuntos económicos.

La pata principal de su alegato mantiene que el exministro no ha cometido indicio de delito alguno, que su dimisión se debe solo a unas declaraciones precipitadas que no debió realizar y que por ello ha sido crucificado sin ton ni son por el ejército de opinadores y columnistas que en este país existe dedicado al cainismo, sin rigor ni criterio alguno, fabricantes de “pánicos morales” a favor de sus respectivos partidos de simpatía, llámense PP o Podemos.

Vamos, que los columnistas españoles somos una panda de vendidos, prescindibles, pelotas de quien paga y destripadores de quien está enfrente; así, en general y en bruto.

No vamos a negarle al señor Conthe que de todo hay en la viña del Señor, pero si en un creador de opinión es malo generalizar sin criterio, igual de malo será en un economista poner a escurrir a todo el periodismo español mediante una dosis de banalidad impropia de quien ha pisado moqueta universitaria y gubernativa.

El señor Conthe no conoce, ni sigue, a todos los columnistas como para largar contra ellos con tanto descaro como el que les critica. Ni siquiera el rigor es pieza importante en el columnismo. Lo son, mucho más, la amenidad y la erudición, por ejemplo. El rigor pertenece al ámbito informativo, pero en cualquier caso, ni los columnistas que le hincaron el diente a Soria, ni el propio Conthe, que lo acaricia, son jueces de su conducta, sino estilitas encaramados sobre el capitel de sus columnas, ilusos masturbadores de su soledad.

Un comentario a “La defensa de Soria”

  1. Aureliano Buendía

    Hombre, definir a los periodistas, así a bulto, como “una panda de vendidos, prescindibles, pelotas de quien paga y destripadores de quien está enfrente…” me parece un poco fuerte. Habrá de todo en el gremio, pero me temo que, a día de hoy, son más los malos que los buenos.

    Para mí, la obligación esencial del periodista es informar. Ello es lo que justifica su existencia, y le confiere su carácter de piedra angular de los sistemas que quieran llamarse democráticos.

    Y entiendo que informar no significa sólo contar mecánicamente los sucesos, sino que ha hacerse crítica sobre ellos. Y la crítica al Poder es algo inherente a la prensa libre, sin lo cual dejaría de merecer el calificativo.

    Pero ahí termina para mí, la función periodística. Más allá de esa línea, están aquellos a los que les preocupa mucho más crear opinión que dar información, el periodismo de trinchera que no es más que la manifestación en el gremio del fenómeno de las dos (o más) Españas.

    Y en lo que no estoy en absoluto de acuerdo es en la poética presentación de los periodistas como “estilitas encaramados sobre el capitel de sus columnas”. Al contrario, están (y deben estar, por otra parte) con los pies en el suelo, donde se producen las noticias. Lo que no quiere decir que deban embarrarse hasta el cuello, como muchos hacen.

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