Público y notorio

Parte de los comensales entrando (ESdiario.com)

Si vas a hablar de lo torpe que es Sánchez, de la necesidad de archivarlo o de quién podría ser su sustituto, y no quieres que se sepa, lo último que se te ocurre es quedar a comer en un restaurante del barrio de Salamanca frecuentado por ejecutivos y por gente que lee la prensa, personas que reconocen tu coronilla entre mil que tuvieran delante en el Bernabeu. Cuanto más si te ven de frente.

Por lo tanto debemos pensar que los señores Bono, Zapatero, Fernandez Vara, García-Page et al, que son los comensales, deseaban ser vistos juntos en esos días en los que no se podía hablar de otra cosa que no fuese el empecinamiento morboso de no pactar que mantenía su secretario general, precisamente el hombre que ha logrado situar al PSOE más lejos de la Moncloa que ninguno de sus antecesores, incluido Isidoro, cuando la mitad de los españoles ni siquiera sabían el significado de sus siglas.

Y si deseaban ser vistos, debemos pensar que también querían que la comida llegase a oídos de Sánchez aquella misma tarde, y no precisamente para endulzárselos con halagos zalameros del tipo “¡Cuán recio e inflexible es Pedro!”, sino con otras reflexiones de estilo lastimero: “¡Cuán grande tortazo nos vamos a pegar! ¡Abstente, Pedroooo!”

Reconforta pensar que Sánchez no solo preocupa fuera del partido, sino también dentro. Dicen que mal de muchos, consuelo de bobos, pero en este caso al menos es preferible verse arropados por quienes comparten una inquietud que sacude los cimientos más íntimos de la nación, por encima de banderías y legítimos intereses partidistas. Cómo será el grado de preocupación que hasta Zapatero, que acababa de aterrizar de su vuelo trasatlántico desde Caracas, no quiso perderse la cita. Un almuerzo, como se ve, público y notorio.

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