Antecedentes

Antecedentes muy legales

Además de EH Bildu, los líderes de IU y Podemos, e incluso los del PSOE, que se han quedado en posición del bombero torero, que ni es payaso ni maestro, todos se han puesto a maldecir la democracia porque a Otegi no se le permite ser candidato.

Era de esperar. La concepción que estas agrupaciones tienen de la democracia, de la violencia y de la convivencia se aleja notablemente de la clásica y a menudo adquiere el formato de lo que siempre han sido, son y serán vulgares dictaduras de palo y tente tieso.

Para acercarse siquiera a rozar con la punta de las yemas la esencia democrática hay que hilar muy fino, demostrar mucha sensibilidad, mucho respeto y mucho afán de que resplandezca siempre el imperio de la ley.

Que se sepa, salvo que en todas sus biografías haya caído una botella de lejía, Otegi es uno de los arquetipos más alejados de los citados principios que se puedan concebir. Admitir a Hitler en un proceso de urnas es un error tan evidente que se acaba pagando con la destrucción del sistema. Habérselo impedido habría sido hoy muy bien visto por todos estos que reclaman la manga ancha y el trágala.

Ellos arropan a Otegi y lloran desconsolados su exclusión como candidato. Exactamente lo mismo que haríamos todos los demás si hoy lo viésemos admitido y bendecido como paradigma de los valores de la libertad. De modo que quien quiera llorar por su ausencia, tiene pista libre para hacerlo, pero no se confunda. No le hace ningún favor a la democracia, sino a quien jamás ha dado un duro por ella.

Entre los argumentos a favor, hay uno que nos conmueve el alma y zarandea el espíritu. Dice así: Total, ya hubo otros asesinos que ocuparon escaño en el Parlamento vasco, como Josu Ternera.

Genial; sencillamente, genial.

Un comentario a “Antecedentes”

  1. Aureliano Buendía

    Ha habido otros casos de “paz sucia”, en procesos de desaparición de bandas terroristas.

    Un buen ejemplo fue el IRA, y otro lo estamos viendo estos días con las FARC, la guerrilla colombiana a punto de firmar la paz con el Estado.

    Tal vez todos estos procesos de paz requieran concesiones infames a lo que no han sido más que asesinos en serie. Quizá no pueda hacerse de otra manera. Supongo que llega un momento en que la sociedad, que no ha podido vencer al monstruo con las armas en la mano, está exhausta y termina pidiendo paz a cualquier precio. Y el monstruo, no menos agotado, acepta también el trato.

    Como digo, puede que sea inevitable. En tal caso, terminaremos viendo a Otegi en el Parlamento Vasco, ya sea más adelante, cuando cumpla su condena de inhabilitación, ya sea ahora mismo, porque cuando el asunto, en unos pocos días, llegue al Tribunal Constitucional, podemos esperar cualquier resolución sobre el mismo, incluso las más rocambolescas.

    Lo que espero que no pase es que, si Otegi entra finalmente en la Cámara Vasca, le nombren Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de dicho Parlamento, como hicieron con Josu Ternera, no hace tantos años.

    Puede que los “procesos de paz” requieran el olvido de las víctimas, el meter su recuerdo bajo la alfombra. Pero no creo que haya una cláusula que recoja la posibilidad de mear sobre sus tumbas.

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