Habla la bola

Columnista en pleno trabajo

Los columnistas, para eso estamos, somos como los adivinos de las bolas cristalinas. Cada cual se pone muy serio mirándole las entrañas a la esfera, y luego de una pausa bien medida, lanza su vaticinio:

_Cuando partas los turrones, convocarán elecciones.

O por el contrario:

_No será presidente hoy, pero en octubre gobierna Rajoy.

Cientos de personas escribimos cada día una columna sobre futuribles y ni los que se tienen por mejor informados, ni los que solo interpretan el vuelo de los estorninos, sabemos una palabra de lo que va a ocurrir. A unos les asiste la intuición, a otros, la Cruz Roja; pero ninguno recibe sobre su cabeza la lengua de fuego del Pentecostés.

A los magos tampoco, pero como son tantos siempre existe la posibilidad del acierto por lógica porcentual, de modo que si uno atina, podrá mantenerse la leyenda de la adivinación.

A los columnistas, como a los demoscópicos, ni siquiera nos hace falta justificarnos con buenos resultados. Basta que lo adornemos con prosa florida o versos de pie quebrado. Por todo ello, y en vista de la variedad de predicciones que se entrecruzan y contradicen en el éter virtual, apostaremos también por dar una solución al caos.

La bola dice que no habrá investidura en la primera tacada, ni en la segunda. Pero también asegura que se podrán cantar los villancicos de ordenanza y asistir a la misa del Gallo sin necesidad de llevar la papeleta entre los dientes porque ya habrá un Gobierno convenientemente constituido, al frente del cual estará don Mariano.

Tal maravilla habrá sucedido en el transcurso del mes de octubre, antes de agotarse el plazo para ello y antes de ser necesaria la nueva convocatoria. Si tal sucede, se lo recordaré para vanagloria de pitoniso, y si no, me callaré astutamente.

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