Porque era mía

La novela, reeditada

Cuando declina el siglo XIX, un escritor y periodista de Valladolid llamado Remigio Vega Armentero se bate el cobre literario con novelas de amores y traiciones, de celos y crímenes, de honores y prostíbulos.

Es masón, republicano y en apariencia, muy à la page. Se ha casado con una huérfana alsaciana llamada Cecile Ritter Mathis con la que tiene tres hijas monísimas y educadísimas. Como la madre imparte clases de francés y piano, la mayor toca el instrumento a las mil maravillas. Tanto, que los reyes han maniobrado para que un sábado les ofrezca en palacio un recital privado.

El padre, con toda su carga antimonárquica, parece encantado de que tal suceda pues su rencor discurre en otra dirección. Le comen los celos y cree que su mujer se la pega con medio Madrid, lo cual es cierto. No que sea con medio Madrid, pero sí que se la pega.

Nos saltamos docenas de episodios en la vida de ambos para llegar al día en que éste la mata de cuatro tiros en la cabeza. Las crónicas llegan a decir que “en la cara”.

Madrid, España entera, se divide a favor o en contra de Remigio. La progresía del momento, siendo él masón, acusa a la mujer de adúltera y alaba el heroico castigo de Remigio; Segismundo Moret y gran parte de la burguesía apoyan a la francesa y maquinan para que recaiga sobre el parricida una sentencia ejemplar; otros lo defienden por loco. Los que por ideología deberían atacarle, lo salvan por la maldad de la mujer y los que se supone en sus antípodas políticas, son lo que lo ven con ojos más condescendientes. Un batiburrillo considerable. Remigio acaba en Ceuta con la perpetua, pero antes le da tiempo a escribir la novela de su vida, “¿Loco o delincuente?”, que se vende como rosquillas. Su principal argumento es el clásico de la violencia de género: “La maté porque era mía”. Las vueltas que da la vida.

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