Burkinis y toallas

Mujeres de una y dos toallas

Hace medio siglo, cuando llegaban las vacaciones de verano, teníamos un profesor que nos aleccionaba sobre lo que podríamos encontrarnos las próximas semanas en las playas.

Allí, al lado de anémonas y cangrejos, entre algas y colonias de mejillones, nosotros, tiernos bocaditos de pitiminí, tropezaríamos sin remedio con una curiosa fauna autóctona, las mujeres, que él subdividía en dos órdenes, el de las mujeres de una toalla, y el de las mujeres de dos.

Esto que les narro es rigurosamente cierto y aporto testigos que lo certifican.

Las primeras llegan a la playa, extienden su toalla, se tumban sobre ella y toman el sol tan ricamente. Las segundas hacen los dos primeros pasos de igual forma que las primeras, pero a continuación se cubren el cuerpo con una segunda toalla, de tal forma que ellas no toman el sol, sino que lo hace esa tela de colorines. Ésas son a las que debemos de dirigir nuestras artes amatorias por sus idóneas condiciones para ser madres de familia.

Confieso que nos parecía una gran muestra de liberalismo reconocer que en verano intentaríamos ligar con el sexo contrario sí o sí. Por eso, lo de seleccionar entre las de una o dos toallas seguía siendo una promiscuidad mayúscula.

También he de reconocer que jamás tropezaron mis ojos con una mujer de dos toallas; pero ahora, cuando cae en mis manos un catálogo de ropa de unos almacenes londinenses, reconozco cuánta razón atesoraba nuestro amado preceptor, pues aquellas páginas de modelos están plagadas de burkinis, que son la versión moderna de las mujeres de dos toallas, como si las hubiesen cosido para meter dentro a la bañista, con ahorro evidente de bañador, felpa y cremas de protección solar.

Si nuestro profesor conociese el burkini, seguramente nos lo habría recomendado.

2 Comentarios a “Burkinis y toallas”

  1. Aureliano Buendía

    Cultural y socialmente hablando, Occidente puede compararse con un individuo al que van a asesinar y, antes de que el sicario pueda consumar el hecho, la propia víctima se pega un tiro en la sien, dejando al asesino con un palmo de narices.

    Tenemos el poder económico y militar para defendernos de la invasión islámica, o de cualquier otra. Pero tenemos también las manos tan atadas por nuestros prejuicios, por la corrupción absoluta de nuestros valores, que de nada nos sirve nuestra tecnología.

    Después de erradicar, con no poco esfuerzo, la pena de muerte de nuestro entorno sociocultural, hemos de ver (si no nosotros, nuestros nietos) como los invasores nos ahorcan. Eso sí, la cuerda la habremos pagado nosotros, ¡faltaría más!.

  2. SEito

    La industria de los trajes de Neopreno tiene un filón, si lo sabe manejar . Se diluiría la discusión entre la ola del despelote femenino que nos invade en playas ( y pruebas de atletismo ) si las pobres mujeres musulmanas, saliesen a la playa tal como lo hacen los surfistas ( y con mayor seguridad a la hira de poder nadar ) . Cumplirían con su ley cubiertas de negro de arriba abajo pero desde el lado “in beach” .

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