El pollito Cañamero

Saliendo del huevo parlamentario

Tras las dos pinceladas dejadas por Cañamero el día de su aterrizaje en el Congreso se puede apostar sin riesgo a que su presencia en la legislatura, sea ésta larga, corta o relámpago, va a dejar una estela nítida e imborrable.

Si renunciar a su aforamiento como diputado es de por sí una clara muestra de confusión política e intelectual, lo de llevarse a una rueda de prensa a dos seudoperiodistas para que le hagan las preguntas oportunas, constituye toda una revolución conceptual sobre la ley, los escaños y la prensa.

Lo dicho, a poco que se mantenga en este tono, su señoría Cañamero será más recordado en la Carrera de San Jerónimo que don Emilio Castelar y doña Clara Campoamor juntos.

Si algún privilegio supone el aforamiento no es en beneficio del aforado _absurda idea que Cañamero tiene de tanto leer panfletos _, sino en beneficio de sus representados, que son los ciudadanos. Por lo tanto, si cree lo contrario, creerá también que allí se está a título particular, para defender los cortijos de cada cual.

Pues hora es de que aprenda los rudimentos del sistema parlamentario a fin de evitarse ridículos propios y de quienes lo han elegido para tan alta misión.

En cuanto a lo de los periodistas chungos, ¿qué quieren que les diga? Hasta ahora, los políticos que querían tener lavacaras, procuraban comprar voluntades entre los plumillas, que alguno hubo siempre con el precio colgado de un cartel. Pero traérselos puestos de casa, como dos escribas sentados a la chepa del diputado, es lo más palmario que se ha visto bajo las estrellas. ¿Creería que nadie se iba a dar cuenta del camuflaje?

Y todo para decir que el PSOE es el partido de la casta. Una genialidad de bombero por la que hay que pagarle. Añádale que el PP es el partido de la derechona reaccionaria y lo borda.

La que estás liando, Pollito.

Un comentario a “El pollito Cañamero”

  1. Aureliano Buendía

    Pues yo he seguido, ya antes de ahora, las andanzas de Diego Cañamero y su inseparable Sánchez Gordillo, Alcalde de Marinaleda (Cañamero ocupó el mismo cargo durante 10 años en El Coronil).

    Y me parecen cualquier cosa menos tontos. Cañamero dice sus disparates de forma absolutamente medida y calibrada. Le importa tres cojones que la más refinada prensa capitalina le ponga a caer de un burro por patán, porque no lo es. Es un patán impostado, cuyas actitudes y desplantes le dan un ascendiente moral entre la izquierda radical patria.

    Y así llevan años, en Andalucía, dominando municipios y comarcas, en los que, casualmente, las demás opciones políticas no es que no consigan vencerles, es que, literalmente, han desaparecido.

    Pasan ahora al ámbito nacional, cosa que nunca habían logrado, y que quizá tampoco les interesara demasiado. Pero ahora pueden hacerlo a lomos de esta cabalgadura colectiva (y colectivista) en la que se ha convertido Podemos, en cuyos lomos caben todos los desencantados que en la Tierra son.

    Pero que nadie se confunda: aunque en la política líquida de nuestros días llegara a desaparecer Podemos, Cañamero y Cía. seguirán su camino. Estos no llevan cuatro días, ni son un subproducto de las tertulias televisivas.

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