El ataque del jabalí

Algo así

En la noche de ayer mi mujer y yo fuimos atacados por un jabalí de unos 80/100 kilos _ imposible precisar _, cuyos colmillos tuvimos tan solo a unos dos metros. El ejemplar, macho o jabalina, se rodea de seis o siete jabatos a los que defiende del peligro que suponemos. En un primer momento huye al comprobar que encendemos una linterna para saber a qué nos enfrentamos, pero sin desearlo quedamos entre un grupo de jabatos y él. Al saber que su piara está dividida, regresa para lanzarse enfurecido contra nosotros.

La noche nos impide verlo antes y solo cuando lo tenemos encima nos damos cuenta de sus aviesas intenciones. Retrocedemos a la carrera y por fortuna estamos al lado de un galpón abierto donde habíamos dejado el coche. A la entrada hay una borriqueta de madera con la que tapamos el hueco. El animal se ha frenado. Parece satisfecho con nuestra huida y cree conjurado el peligro contra los suyos.

Pasado el susto, pienso la manera en la que hoy les pueda contar a ustedes el episodio con algún paralelismo político de la situación y se me ocurre plantear esta escena. El puerco salvaje y su piara son las múltiples amenazas de todo tipo que te llevan por delante si no se les hace frente. En el caso de que fuésemos Sánchez, nos quedaríamos parados, muy dignos eso sí, diciéndole al bicharraco que No, a la espera de que nos pase por encima y nos hinque los colmillos donde más blando le plazca.

Mantuvimos nuestra dignidad, sí; pero el testarazo fue de tal magnitud y las heridas tan ponzoñosas que tuvieron que venir con pinzas para recoger los trocitos. Los suyos y los del resto, porque la insensatez nos alcanza a todos por un igual.

No sé si aumenta o no el número de jabalíes. Parece que sí. Y por lo que escucho, son animales que saben hacer daño. Habrá que moverse hacia algún lado.

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