Hermano López

Una portada de Chumy

El padre de Hermano Lobo fue Chumy Chúmez y el diácono que le arrojó las aguas bautismales fue Manolo Summers. Cuando Chumy se quedó sin periódico donde publicar lo fiché para El Progreso. Fueron dos o tres años de diaria colaboración que él siempre agradeció mucho. Incluso se ofreció a ilustrar un libro humorístico que se llamó “Papá”. Bueno, seguramente se lo habría pedido yo.

Al leer la historia de los papás que quieren poner Lobo a su hijo me vino a la cabeza ese otro recuerdo de lobeznos, paternidades y bautizos. Por alguna relación atávica con Linneo y las leyes de la taxonomía, en España es complicado poner a tu hijo el nombre que te dé la gana. Aunque para ser justos deberíamos decir que solo te ponen dificultades, para acabar cediendo, con lo fácil que sería ceder desde el principio.

A los padres de Lobo les auguro que lo conseguirán. ¿Cómo podrían negárselo en un país donde un millón de personas se apellidan Hijo de Lobo, o sea, López? ¡Hasta el presidente del Congreso se llamaba así hace dos semanas! Fíjense qué cosas. Antes, Hijo de Lobo; ahora, Pastor.

En Lugo y A Coruña es el apellido más común. En Ourense y Pontevedra es el quinto. Estos padres lo tienen chupado.

Y siendo lógico que exista esa libertad para los onomásticos, también es de temer que la popularidad alcanzada por el caso de Lobo desemboque en un aluvión de nombres que nos pueden llevar al circo de los DNI. ¿Qué se apuestan a que en las próximas semanas aparecen unos progenitores demandando en la ventanilla del Registro papeles para su retoño Pokémon de la Gándara y Troncoso? Y ahí sí que no podrán alegar que media España se apellida Pikachu.

También me acuerdo mucho estos días del que fue tantos años presidente del Centro Gallego de Madrid, el general Constantino Lobo Montero.

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