Avalado por inexpertos

El cartel incomprendido

El verdeo de la aceituna se celebra en zonas de Andalucía con ferias y fiestas a partir de septiembre. Quiérese decir que agosto es allí mes ocupado en elegir el cartel anunciador del evento consuetudinario olivarero.

Uno de estos enclaves es Arahal, al este de Sevilla, entre Utrera y Marchena, donde se anuncia este año los 50 de la fiesta y lo hacen con un cartel del artista Rafael Laureano. Mejor dicho, lo hacían, porque nada más colgado a la pública exhibición, los arahalenses lo han denostado con tal fruición que su ayuntamiento opta por retirarlo.

La historia del cartel arranca de cuando un jurado profesional declara desierto el concurso convocado al efecto y entonces, dada la premura, se le encarga otro a Laureano a cambio de mil euros. Rechazados aquéllos, criticado éste, se pide a los concursantes vituperados que envíen de nuevo sus obras, pues ahora será el pueblo soberano quien decida. Menudo bodrio de elección.

La figura central del cartel es una Palas Atenea moderna enmarcada en óvalo y con ave en mano. La diosa se hace con el patronazgo y el nombre de la capital griega en competencia con Poseidón porque preguntados ambos por el regalo más útil para la ciudad, éste dice que el caballo, y Palas Atenea, que el olivo. La diosa gana por un voto y se origina un follón democrático entre hombres y mujeres.

Por lo que se ve, en Arahal se reproducen los conflictos y la diosa del olivo no es comprendida ni donde el ese árbol se da con largueza. Cosas veredes.

No sé qué pasa con los carteles de fiestas pero constituyen fuente continua de polémicas. Esta última es genial. Una de las obras que rechaza el jurado de expertos va a ser entronizada por el jurado de inexpertos. Que conste que a mí me gusta, pero no soy de Arahal.

Que la diosa ilumine al nuevo jurado.

2 Comentarios a “Avalado por inexpertos”

  1. Aureliano Buendía

    ¡Pues claro, hombre! ¿Cómo no se les habrá ocurrido antes? ¡Un referéndum!. Esa es la solución.

    En realidad, creo que habría que instalar en todos los hogares una maquinita de votar, y cada noche preguntar al personal lo que debería hacerse al día siguiente, amén de cualquier otra cuestión que el poder público de turno considere necesrario que sea aprobada por la ciudadanía

    Los resultados serían de ver: la misma gente, votando lo contrario sobre las mismas posiciones; por la mañana, votación masiva a favor de la restricción de emisión de gases, por la tarde, votación igualmente masiva a favor de la bajada de precio de los automóviles… ¡Y así, con todo!.

    La democracia es como todo: ha de ser en su justa medida. En exceso, puede ser contraproducente.

  2. Aureliano Buendía

    Por cierto: el cartel es espantoso.

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