Tiempo de cerezas

Se acaba la temporada

La primera diferencia respecto a los anteriores intentos de investidura es que el candidato ganador que declinó el ofrecimiento es el único de los cuatro principales que ha aumentado escaños. La segunda es que ese mismo señor le dijo antes al Rey que no se presentaba, y ahora le ha dicho que sí.

Para descubrir la tercera hace falta haber estudiado un master de máximo nivel en marianismo. No vale un breve cursillo de verano en el palacio de la Magdalena, leyendo sus discursos frente a las islas de Mouro y Corbera. Prueba de ello es que la prensa del día discrepa en el sentido de sus titulares, ya que los de unas cabeceras han hecho el cursillo y los de otras, no.

La duda que plantean es discutir si ahora acepta el encargo regio porque ya tiene hilvanados los apoyos para la investidura y la gobernabilidad, o por el contrario, que solo se presentará si los consigue, porque no le va a dar el gustazo a Sánchez de ver cómo también hay otro candidato que fracasa en la toma de la Moncloa.

Menda, que solo ha hecho marianismo a distancia y con bajo aprovechamiento, arriesgo a decir que ahora mismo no hay ni una cosa, ni la otra, pero que estamos más cerca de la primera. Ha aceptado el encargo, lo cual quiere decir que está en condiciones de llevarlo a cabo.

Todo lo demás sería parecerse demasiado a Sánchez, y hasta ahí podíamos llegar. Aquél tenía a Patxi López en la Presidencia del Congreso, y ahora está Ana Pastor. Otra diferencia substancial y substanciosa.

¿Cuánto tiempo tardará en materializarla? El mínimo posible. Apenas queda margen para los presupuestos, Europa demanda Gobierno y Cataluña lo exige. El tiempo de las veleidades, como el de las cerezas, está a punto de agotarse. No hay más horas para demostrar quién está para arrimar el hombro y quién, para que entren las mulillas y lo arrastren fuera del coso.

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