La vera vara

Españoles desconectándose tan ricamente

Menos mal que los azotes de vara que Pablo le iba a dar a Mariló hasta hacerla sangrar eran de broma, porque el resto de los frentes están que arden. La insensatez brilla por su presencia y a los más tontos les han dado la otra vara, la del mando.

Hablando de estacas, el presidente extremeño, el socialista Fernández Vara, nos ha echado un piropo a todos los españoles que no sé yo si es merecido. Dice Vara que estamos hartos; es decir, que somos conscientes del estado de inseguridad e inestabilidad en el que nos encontramos, pero quizá su afirmación no esté del todo fundamentada.

Yo nos veo muy preocupados en cazar biosbardos y con un notable porcentaje de catalanes encantados de haberse zambullido en una ilegalidad bananera que atenta contra los principios más elementales del Derecho.

También observo a dirigentes valencianos que prohíben el uso del castellano sin que a continuación sean corridos a gorrazos por las calles de su pueblín. Y si de la gobernación hablamos, ¿quién no se ha tropezado con dos o tres ciudadanos que mantienen sin rubor lo bien que se vive sin Gobierno? O por lo menos, que se vive igual y que no se necesita para nada, que es una de esas opiniones de las que te arrepentirás diez millones de veces mientras vivas, sobre todo si eres funcionario, pensionista, parado, contratista de obra pública o emprendedor sin subvenciones, y no cobras un duro porque no hay presupuestos, porque no se aprueba un decreto ley desde el último turrón y porque en el mundo entero comienzan a decidir cosas sin llamarnos para las reuniones, porque somos un socio ectoplasmático, espongiario, ambivalente y antiguamente frondoso.

Hartos estamos por condición natural. Hartos de los romanos, hartos de los godos y hartos de los moros, sin darnos cuenta de que somos romanos, godos y moros.

Un comentario a “La vera vara”

  1. Aureliano Buendía

    Viendo como evoluciona el país, resulta difícil saber de dónde venimos. No creo que ni los godos, ni los romanos, ni los moros, nos reconocieran como descendientes viendo el grado de gilipollez que hemos sido capaces de alcanzar, y subiendo.

    Contemplando las circunstancias con un mínimo de perspectiva, habría que recordar a aquellos (progres de todo pelaje) que criticaron duramente al Gobierno por aprobar los Presupuestos Generales del Estado para el presente año. ¡Pues no se oyeron sandeces! Que si los presupuestos del PP comprometían el futuro del nuevo Gobierno, que si no se puede aprobar un presupuesto en vísperas electorales…

    La verdad es que el país ha seguido funcionando, durante todo este año de traca, precisamente porque había unos presupuestos aprobados y en ejecución.

    El año próximo quizá no lo comencemos igual. Si hay que votar por tercera vez en noviembre o diciembre, opción nada descartable viendo como se conducen los actores políticos, el 2017 se iniciará con presupuesto prorrogado. O sea: Estado a mínimos, porque lo que se prorroga es el gasto corriente y comprometido, pero nada más. Y ello comenzará a afectar, seria y negativamente, a la economía.

    A nuestros políticos les importa poco: están muy entretenidos tirándose a la cabeza los papeles de Bárcenas y el asistente de Echenique.

    ¿Y el pueblo? Como tantas veces he dicho, el pueblo ha votado lo que ha querido, en ejercicio de la soberanía que indiscutiblemente le corresponde; ergo, tiene exactamente lo que se merece.

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