Quintacolumnistas

La república alerta contra la Quinta Columna. Pues igual

Charlie Hebdo, los niños de Niza, los espectadores de la sala Bataclan, el sacerdote de Normandía han sido los objetivos de la guerra a la que se refiere Hollande. La guerra del DAESH contra Francia, aunque más parece contra el mundo.

De acuerdo con los términos tradiciones, jamás se diría que ninguno de los cuatro sea estratégico, porque esa calificación se aplica a puentes, puertos, arsenales o fábricas para que una vez destruidos se impida el tránsito de las tropas, o se les causen pérdidas costosas.

No parece que de momento, el DAESH esté en condiciones de plantear una guerra tradicional entre ejércitos, sino otra basada en actos terroristas. Por lo tanto los cuatro grupos citados y otros similares, como los trabajadores que se dirigen en tren a sus destinos, los espectadores de una prueba ciclista, o un grupo de jugadores de petanca se convierten también en objetivos estratégicos a los que golpear en el convencimiento de que con ello se obtiene un éxito para la causa.

Por una parte cuentan con el dolor que se origina al enemigo, con la exaltación de la venganza de cara a sus partidarios, con el mensaje de poderío y con una machacona y barata propaganda en todos los medios de todos los países del mundo, incluidas las revistas de humor.

Pero también hay otra finalidad más sutil y más peligrosa, que es atentar contra la hipotética unidad de quienes son atacados para resquebrajarla, fomentar la polémica e incluso crear la aparición de forofos. España es un buen ejemplo de todo ello porque aquí abundan los pescadores en río revuelto, quintacolumnistas capaces de enredarse con la primera asociación de asesinos que pase por delante de la puerta si con ello atisban que estarán un peldaño más cerca del poder.

Y en esa amalgama de terror nos hacen vivir a diario.

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