El pinganillo del miedo

Se la han pillado

Meses atrás Irene Montero acude por primera vez a la tertulia de la Sexta y está un poco atacada de los nervios. Lógico. Aquello es como el Sancta Sanctorum del podemismo ilustrado, pero también es un terreno plagado de lobos dispuestos a devorar caperucitas por muy rojas que éstas sean.

Sí, sí. A Pablo se la van a dar con queso. Él, que de medios, de redes y de chats sabe más que los ratones colorados, idea lo que podríamos denominar el pinganillo del miedo, una línea directa de chat en Telegram denominada “Irene estreno sexta noche”, mediante la cual él podrá decirle en cada momento cómo está viendo su intervención, cómo debe actuar, si lágrimas, si sonrisas.

El recurso es habitual entre entrevistadores y realizadores o directores, pero para este fin, no lo habíamos visto. El dispositivo es como para tirárselo a Pablo a los morros, máxime tratándose de mujer y novia a la vez, pero a ver quién es la guapa que desaira al jefe y le dice que no va a leer ni uno de los mensajes que él ponga en el pinganillo de marras. ¡Con lo bien que habla Irene en el Congreso cuando se estrena allí y lo que impone esa tribuna!

El caso es que ahí tenemos a Pablito a los mandos del Telegram, creyéndose por momentos Alberto Comesaña:

_Lo estás haciendo muy bien, muy bien, muy bien. Cariño, no pares.

Imitando en otros, a Luis Moya:

_¡Acelera, ras! ¡Curva cerrada, ras! Sonríe. Calma ahora, ras. Primera perfecta y un hostión.

O a Kid Tunero, el entrenador de Pepe Legrá:

_¡Huye del cuerpo a cuerpo! ¡Pega y retírate! ¡Cuidado con su derecha! ¡Castígale el mentón!

No sabemos si Irene habrá leído los mensajes o si estuvo todo el tiempo pendiente de lo que tenía que estar. El caso es que Pablo se sintió Dios, como siempre, moviendo todos los hilos.

Comenta