Veo muertos

En ocasiones veo a López Bofill

Entre la casta violenta hay una especie tan repulsiva o más que los ejecutores, los teóricos. Aquéllos que siempre tienen a mano el argumento que disculpa, suaviza, comprende, admite o fomenta cualquier brote de ese arco que va desde la colleja al asesinato, individual o colectivo.

Por supuesto, todo ese bagaje de conocimientos filosóficos, morales y sociales que amparan a la bestia parda de turno se despliegan si la bestia parda comulga de alguna manera con su ideario político, puesto que de lo contrario es un fascista redomado y punto.

Los hay de todos los signos y en todas las direcciones, por supuesto, pero abundan unos u otros según el tipo de violencia que se ejerza. La de ETA da pie a los teóricos de la lucha armada nacionalista; la del FRAP, a revolucionarios; la del Daesh, a vengadores, y la del asesino de Jo Cox, a los racistas y separatistas.

En este caso, el que ha asomado la patita es un viejo conocido de estos últimos berenjenales, el catedrático de Constitucional Héctor López Bofill. Tras enterarse de la muerte de la diputada Cox, se ha parado a pensar un rato y a preguntarse ¿cómo me las maravillaría yo para sacar tajada independentista catalana de la burrada que acaba de hacer ese jardinero racista, misógino, ultranacionalista e insolidario?

Fueron unos minutos de búsqueda en el cerebelo, no más de cinco, porque estas cosas se guardan frescas, como los salmonetes, y ya la tuvo lista y empaquetada para enviar a las redes que acogen estas ocurrencias.

Dice así: “El asesinato de Jo Cox demuestra que, por desgracia, toda transformación constitucional profunda demanda muertos”, que viene a ser como un remix entre Arquímedes _ “todo cuerpo sumergido…”_, y el niño de El sexto sentido _ “en ocasiones veo muertos…” _, por el que López Bofill no pasará a la historia, salvo a la del horror.

2 Comentarios a “Veo muertos”

  1. Aureliano Buendía

    Siempre he dicho que Twitter tiene más peligro que un mono con dos pistolas.

    La gente invierte los términos de la operación, y en lugar de pensar primero y escribir después, lo que hacen es soltar su cuesco de 140 caracteres a la red global, y luego valorar sus consecuencias.

    De todas formas, la intervención de este Catedrático de Derecho Constitucional no está exenta de razón, ya que la Historia se la da: todas las revoluciones (el tipo emplea el eufemismo “transformación constitucional profunda”) han comenzado o terminado en un baño de sangre.

    Hay excepciones: en Portugal, la Revolución de los Claveles (que no olvidemos que fue un alzamiento militar) derribó el régimen dictatorial casi sin derramamiento de sangre.

    Y, por quedarnos todavía más cerca, en España se consiguió hacer la “transformación constitucional profunda” (aquí sí que no hubo revolución), también sin violencia.

    Esta excepción española, que adquiere doble valor si echamos una mirada a nuestro pasado, lleno de enfrentamientos entre compatriotas, debía ser algo de lo que estuviéramos orgullosos, pero parece que ahora se ha convertido en un problema. Hay facciones políticas que luchan contra lo que llaman el “régimen del 78″ con un esfuerzo digno de mejor causa.

    ¿Quién sabe? Quizá, para nuestra desgracia, nos encaminamos a otra “transformación constitucional profunda”, pero siguiendo las reglas generales, enunciadas por el profesor Bofill: con muertos en las calles.

  2. juan jose

    El que justifica la muerte violenta ajena está al mismo tiempo justificando le quiten la suya.
    Pais de imbeciles y que no este sentado Bofill ya en el banquillo dice mucho de lo pobre que es nuestra democracia.
    Democracia no es igual a todo la vele para unos y para el resto el yugo o la muerte.

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