La pizarra diabólica

La pizarra en blanco

Si los tres futbolistas y el actor señalados por la testigo del caso Torbe desmienten las acusaciones con fundamentos de verdad, algunos medios informativos podrían tener cuatro adversarios querellantes. De lo contrario, los problemas serían para los citados.

Quien no se libra de tener asegurado el conflicto es Vicente del Bosque, aunque en su caso, todo hay que decirlo, es un follón menor.

Puestos en la piel del seleccionador nacional _ un ejercicio de transformismo que los españoles sabemos hacer como nadie _, cuesta trabajo imaginar que mañana lunes vaya a haber otra persona que Iker Casillas defendiendo la portería, y el siguiente, casi también.

Por mucho que el implicado nos declare su inocencia y su plena disponibilidad para realizar el mejor repertorio de estiradas y palomitas que jamás se hayan visto sobre un césped rectangular, nada evita sospechar que el hombre no tiene la cabeza con las exigencias idóneas para centrarse en la Rep. Checa y en la pizarra del míster.

Si no es culpable, algo que tanto Vicente como nosotros le deseamos de corazón, no podrá despegar de los pensamientos por qué motivos se ha visto envuelto en un asunto tan turbio. Y si lo es de alguna forma, ya ni te cuento.

Cualquier tropiezo en el partido del lunes rebotaría sobre Del Bosque dejándolo sin argumentos. “¡Pero hombre, don Vicente. ¿Cómo pone usted a este chico con la que tiene encima?”

Pero no acaban ahí los contratiempos del seleccionador, porque si realmente hace jugar a Casillas, muchos dirán que está señalando la culpabilidad del otro y entonces puede hundirlo para el resto del campeonato.

Menudo lunes nos espera. Y por la noche, el debate a cuatro. Con razón decían que no era un buen día para celebrarlo.

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