Las niñas de negro

¿Cuánto le cobraría a éste Alejandro de Pedro?

Oigo por segunda vez que Alejandro de Pedro, directivo de Madiva e implicado en el caso Púnica, también le cobra 50.000 euros a Zapatero para mejorar, limpiar, modificar o transformar la imagen pública de sus dos hijas, bastante escacharrada después de la visita que hacen a Obama en unos saltos de cama para el luto riguroso.

Ni lo creo, ni lo dejo de creer, pero en todo caso utilizaré literariamente el episodio para describir un ejemplo de dinero ganado con facilidad, porque a las niñas no se les vuelve a ver el pelo durante años, lo que permite sospechar que la intervención de Madiva, de Alejandro, o de la Púnica entera se limita a aconsejar: “Que no salgan de casa”.

Siempre pensé que los españoles habíamos sido muy crueles con aquellas dos chiquillas, crisálidas a medio hacer en un entorno endiablado de malos ejemplos y peores consejos, víctimas del buenismo y la extravagancia política que afecta a sus padres, bien por propio convencimiento, bien como medio para acercarse a unos posicionamientos estéticos de los que pensaban obtener réditos políticos, y cuyo resultado final, si se confirman los negros nubarrones que acechan a Sánchez y a Ferraz, puede materializarse dentro de pocos días en el tan traído y llevado sorpasso.

Como metáfora, la peripecia no tiene desperdicio. Llevan de góticas a las niñas para hacerse la foto de su vida, la foto por la que su padre mendigó atención aquí y acullá. Los Obama sonríen a mandíbula batiente, aunque de noche lo habrán comentado con cara de espanto.

A la vista de los resultados, la pareja contrata a Alejandro de Pedro para que arregle el desaguisado. Apoquinan 50.000 euros, pero se los traga la crisis y pierden las elecciones. Junio de 2016, los góticos de Podemos les dan el sorpasso. Peor imposible.

Un comentario a “Las niñas de negro”

  1. Aureliano Buendía

    No me creo yo en posesión de verdad alguna, y menos para enjuiciar lo que otro haga en su vida privada.

    Si las hijas de Zapatero fueron capaces de vestirse de tal guisa para retratarse con el Presidente de los Estados Unidos, se debe a que habrán recibido una educación que no les alcanza para “saber estar”, concepto quizá pasado de moda, pero que sigue manteniendo su vigencia por los siglos de los siglos, desde nuestros antepasados bajaron de los árboles, hasta estos tiempos oscuros, en que una parte de la humanidad parece dispuesta a trepar de nuevo a las copas de los pinos.

    Como digo, cada uno es muy libre de educar a sus hijos como mejor le parezca, y de permitir que se vistan como les venga en gana.

    Pero esto es predicable de cualquier ciudadano particular, no del Presidente del Gobierno. Porque el Presidente del Gobierno representa a todo el país, lo que, por supuesto, incluye a los góticos, pero también a un considerable número de ciudadanos que no lo son.

    Por ello, Zapatero tendría que haber puesto los medios para que, en tan señalada ocasión, sus hijas presentaran una apariencia convencional.

    Y, desde luego, lo que me hace gracia es que luego pagara (me da igual que fuera al de la Púnica o a cualquier otro asesor de imagen) para recuperar la imagen de sus muchachas en la red.

    Por otra parte, me parece que no le cobraron mucho. 50.000 euros, para tratar de reparar los destrozos de imagen que aquellas fotos hicieron, no me parece un precio exagerado. Tal vez habría que gastarse más dinero o, más bien, no gastarse nada y rezar a Santa Rita, patrona de los imposibles. Conseguir que la gente olvide una imagen como aquella es, más bien, cosa de milagro.

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