Salud, dinero y amor

Calvo porque usted quiere

Contra el vicio de prometer está la virtud de cumplir, y en estos días que le restan a junio para hacerse verano los políticos se dan al vicio como locos. El ciudadano se lo permite aunque es consciente de antemano que se trata de una ficción admitida, casi como el Arde Lucus, que es cuando te vistes de romano y crees durante unos días que la avenida de Madrid es la Vía Apia, olvidándote de que el lunes todo volverá a ser del siglo XXI.

La campaña es algo parecido y como dice la canción, ahora que vamos despacio, vamos a contar promesas, tralará (bis).

Las de Pedro Sánchez han sido espectaculares. Obligado sin duda por la magnificencia de las que se vienen oyendo a Iglesias, Sánchez ha tirado la casa por la ventana y ha prometido agua, luz y calefacción para todos; así, a feito, sin reparar en gastos, sin contar que previamente el ciudadano beneficiado disponga o no de grifos, de bombillas o de radiadores.

Puestos a prometer, el sueldo básico, también llamada renta mínima vital, tiene la ventaja de que tú te la gastas como quieres. Por ejemplo, si vives en Canarias, puedes pasar sin calefacción todo el año.

Los programas de los partidos están repletos de señuelos irrealizables que se colocan dentro de ellos como zanahorias de pollino, que siempre están delante, pero a las que nunca les das alcance. Ya se encontrarán fórmulas para zafarse de lo dicho en campaña.

Por eso no le extrañe escuchar algún día que determinado partido incluye entre sus ofertas los grandes mitos de la publicidad fraudulenta; es decir, que les harán adelgazar los kilos que le sobran, que le crecerá el pelo allí donde ya ha caído, que han descubierto la pastilla curalotodo, que duplicará su dinero invirtiendo en una pirámide y que encontrará a la pareja de su vida en un portal de contactos.

Un comentario a “Salud, dinero y amor”

  1. Aureliano Buendía

    Lo de las promesas electorales incumplidas es algo que ya forma parte del “color local”, una cuestión que la “gente” (por decirlo al podemita modo) ya da por descontada.

    Se le atribuía al difunto Enrique Tierno Galván, en su época de Alcalde de Madrid, la frase, pronunciada en un arranque de sinceridad “los programas electorales se hacen para no cumplirlos”.

    Y las promesas son tanto más disparatadas cuanto el que las hace se ve con menos posibilidades de llegar al poder. Lógico. Si te ves con posibilidades de ganar, no digas muchas burradas, no sea que después te exijan que las cumplas.

    El problema es que, con el nuevo panorama político español, ya no hay garantía de que gobierne el que gane las elecciones, y en un Ejecutivo de coalición, pueden encontrarse programas poco similares, cuando no contrapuestos.

    Sobre las elecciones, me parece que hice, hace ya días, una propuesta: que el dirigente político que saque un escaño menos que el 20-D, se vaya a su casa. Y la sigo manteniendo, aunque ahora conceda ventaja a Pablo Iglesias, tras haber maridado con la Izquierda Unida que antes despreció.

    Los demás: Rajoy, Sánchez, Rivera… debían quedar sometidos a un estricto control de resultados: el que tenga un escaño menos, a casa, y que pase el siguiente. Se supone que los partidos deben tener recambio y capacidad de adaptación a las nuevas situaciones.

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