El papá de Messi

_Sí, conduce papá. Yo me fío.

El episodio fiscal de Messi desprende varias enseñanzas; por ejemplo, que no te puedes fiar ni de tu padre. Él lo hizo y al instante tuvo a Hacienda encima.

Pero, hombre. Si su deber es perseguir hasta el último euro que intente entrar en el circuito sin cotizar, ¿cómo van a dejar que se les cuelen 4,1 millones de un señor que dice ser y llamarse Lionel Messi, un tipo más famoso que el pequeño Nicolás, que anuncia más productos que Casillas y que por donde pasa va dejando un reguero de billetes aflorados o por aflorar?

Creo en sus palabras cuando dice que él se dedicaba al fútbol y nada más. Creo que se fiaba de papá y que su cabeza estaba puesta en driblar y marcar. Lo creo porque no se puede ser el mejor jugador del mundo y al mismo tiempo administrar una fortuna que para sí la quisieran muchos ayuntamientos, comunidades y hasta países.

El único añadido que Messi se saltó y por culpa del cual tuvo que poner su trasero sobre el banquillo, fue decirle a Jorge Horacio Messi: “Vale, papá; tú te encargas de todo, pero por lo legal. No seas boludo, porque de lo contrario al que sacarán en las fotos de frente y de perfil será a mí”.

Bastaba con habérselo dicho así de clarito el primer día para dedicarse luego por completo al fútbol y a la pizarra de sus sucesivos entrenadores. Se habría ahorrado esa lamentable imagen de un hijo que acusa a su padre y a sus asesores del fraude que a él se le achaca.

Messi se fía de su papá como hacen los niños buenos; pero ni él es un niño, ni su papá, por lo visto, es de fiar.

Nos conmueve la gente que gana, origina o merece millones de euros por su trabajo, su cara o la forma en que ondula su pelo lacio. Nos conmueve y nos alegra por ellos y porque de esa forma cotizan mucho más en beneficio de todos. Si se saltan la segunda parte, nos asquean, aunque se hayan fiado de papá.

Un comentario a “El papá de Messi”

  1. Aureliano Buendía

    Cuando uno crea iconos sociales o mediáticos, está expuesto a que el icono, de repente, muestre su cara más humana y aparezca como un defraudador fiscal cualquiera.

    Y el que, rentabilizando esa posición de “icono”, se haya hecho, literalmente, de oro, que pague sus impuestos. Y punto.

    Y, como bien dice Cora, que el titular del manantial de dinero procure estar más atento. No fiarse de padres, ni de asesores, porque finalmente Hacienda a quien busca (con toda lógica, por otra parte) es al que genera los ingresos y los hace suyos.

    ¿O el fortunón que el Barça y los múltiples patrocinadores desembolsan, va a parar al padre o los asesores de Messi?.

    Cada palo, que aguante su vela.

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