Le encanta

La cosa

Apenas llevamos 16 años en él, pero ya sabemos que hay cosas que son inequívocamente del XXI, todas cortadas por el mismo patrón y todas conducentes a ensalzar la mediocridad para un mayor beneficio, un mínimo esfuerzo y la orgía permanente.

Se veía venir, pero nunca sospechamos que nos trivializaríamos de forma tan rápida, masiva y contundente. Creímos que era mucho el trabajo de destrucción para que en un par de décadas mal contadas se viniese todo abajo y que las referencias culturales clásicas cediesen ante cuatro frases cogidas al vuelo en alguna lectura sin pie de imprenta.

Ciñámonos a un aspecto. Recuerdo que dentro de la profesión estaba muy mal visto dedicarse a la prensa rosa, y los medios serios torcían la vista a todo lo que oliese a Hola!. Grace Kelly sí, pero de ahí abajo, nadie. Hoy está muy democratizado el gold gotha y lo que tiene de ventaja, porque cualquiera puede aspirar a integrarlo, lo tiene de inconveniente, porque lejos de fascinar, aborrega.

Estos pensamientos tan livianos y vulgares se los debo a un vídeo en donde una chiquilla recién llegada a los mass media _ ha vivido cuatro años en el XX y los 16 del XXI _, se cambia de ropa al tiempo que comenta dos frases de cada prenda. Una de ellas es indefectiblemente “me encanta” y la otra oscila entre “superguai” o “es divina”.

Bueno, pues tiene un éxito bárbaro. Casi tanto como esas amas de casa que regresan de la compra y vacían ante la cámara los productos que han comprado, o una chica de Lugo que enseña a las mujeres a desnudarse, haya o no un hombre delante. Es maravilloso todo lo que se puede hacer en el XXI y todo lo que se perdieron los del XIII. ¡Qué digo XIII! ¡Los del XX, que cuando descubren los platos Duralex creen haber llegado a la tierra prometida!

Ustedes disculparán. No todos los días se puede estar con el optimismo subido.

Un comentario a “Le encanta”

  1. Aureliano Buendía

    Después de muchos años de desarrollo tecnológico, estamos llegando a un punto en el cual la capacidad de transmisión de la estupidez humana es casi equiparable al tamaño de la misma.

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