Un robo en Brollón

La prensa de Madrid se volcó en el caso

Cómo y por qué llega desde Madrid el anticuario orensano Manuel Vázquez al remoto lugar de Pacios de Veiga, en Pobra de Brollón, son extremos que hoy, 91 años después de sucedido el hecho que nos ocupa, debemos abandonar por imposibles, aunque como verán, si son tan amables de acompañarnos, a la historia le avendría pistonudo que estuviésemos en el secreto de los acontecimientos.

El caso es que en Pacios encontramos a Manuel durante el verano de 1925. Se hospeda en casa de Álvaro Maciá López, que a su vez vive con sus dos hijos, Eufemia y Jaime.

Hace tiempo que Manuel anda detrás de la imagen de la virgen que existe en la capilla de Pacios de Veiga, pues tiene información de buena tinta sobre el precio que podría alcanzar en el mercado negro de las antigüedades. Nada menos que un millón de pesetas, una cifra desorbitada en aquellos años. ¿A qué viene tal valor?

Por informes que luego aparecen en la prensa, se trata de una talla bizantina en jaspe del siglo VI, que representa a Santa Eulalia, o la Virgen del Perpetuo Socorro y que pesa 80 kilos. Dejémoslo así de momento.

Por aquello de que siempre aparecen socios cuando de un buen negocio se trata, Álvaro le comenta a Manuel que una congregación religiosa estaría dispuesta a entablar negociaciones sobre la venta de la pieza, si realmente su deseo es hacerse con ella, pues andan flojos de dinero y una tajada así alegra más que una seguidilla en tarde mustia.

Manuel no pregunta qué tipo de congregación tiene vara alta en el patrimonio porque le importa bien poco a quién pertenezca, si al final consigue hacerse con la talla.

Pacios de Veiga festeja a San Froilán a la par que Lugo en octubre. Es la víspera del día 5 cuando la maestra del pueblo, encargada de arreglar el altar, echa en falta las llaves de la capilla…

Un comentario a “Un robo en Brollón”

  1. rois luaces

    Y dónde está ahora la talla?

Comenta