El héroe de Abadín

El barbarote Roberto Bermúdez

Faustino Sanjurjo sale de su Abadín natal en diciembre de 1896. Tiene 18 años y un futuro nada esperanzador por delante, pues le aguardan meses de lucha contra los mambises, y lo que es peor, contra la fiebre amarilla o la disentería, cien veces más mortíferas que los rebeldes.

Faustino se ha acostumbrado pronto a los nuevos aires, a la guerra y a lo que la vida le pone por delante. En abril del 97 ya tiene 19 años y se siente un veterano. El día 22 de ese mes, cuando el teniente coronel Moreno se traslada del campamento de la Gabriela a Artemisa, cinco gallegos que cierran la retaguardia, el cabo Domingo Abella, y los soldados José Díaz, Magín Frotiz, Darío Valiño y el propio Faustino, se desvían a propósito para hacerse con una caballería que le prometen a Abella con solo ir a recogerla.

El negocio sale mal, porque sobre los cinco gallegos cae Roberto Bermúdez y sesenta de los suyos que a las primeras de cambio únicamente dejan con vida a Faustino. El de Abadín tiene solo cinco balas; mata a tres, hiere a un cuarto y falla la quinta. A continuación se lanza bayoneta calada y se lleva por delante a otro par, luego, patadas, puñetazos, mordiscos… hasta que cae sin remedio.

Bermúdez no quiere prisioneros y ordena que los cuelguen de una guásima. Al pecho le prenden un papel escrito con torpes trazos donde se anuncia: “Guindado por no querer rendirse y por español”.

Poco se puede imaginar Roberto Bermúdez que ajusticiamientos como el de Faustino se volverán contra él en menos de un año, cuando Maceo ordena fusilarlo. Lo hacen sus soldados, elegidos por el propio Bermúdez de entre los de mejor puntería.

En casa de Faustino Sanjurjo se cuenta esta historia durante mucho tiempo, cada vez que alguien lo pide.

_E como foi que morreu o Faustino?

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