Tengo una vaca lechera

Jacobo Morcillo en los años de la vaca

Los datos contrastados que se conocen en torno al origen de la vaca lechera establecen que el comisario de policía Jacobo Morcillo Uceda viaja en el tren ascendente Madrid-A Coruña un día indeterminado del año 1946. Amanece, acaban de dejar atrás la provincia de León y Jacobo se asoma a la ventanilla por donde divisa a media distancia el andar cadencioso y basculante de una vaca, camino de un prado, se supone.

De repente, como ya le había ocurrido en otras ocasiones, se instala en su cabeza un pareado absurdo, pero bien medido, no en vano su hija dice de él que es “un chiste con patas”: “Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera”.

A Morcillo le parece un descubrimiento genial y tanto es así que despierta a su acompañante y se lo cuenta. “Tú estás loco”, recibe por toda respuesta de esa otra persona, mucho más identificada con los objetivos de la Dirección General de Seguridad.

Da lo mismo. Él sigue trabajando con la vaca hasta que completa la letra antes de destino. Luego, en el viaje del tren descendente, el policía aprovecha una parada para comprar un cencerro que hará sonar cuando llegue al pasaje del “tolón, tolón”.

Con todo y eso, tiene la vaca, pero no la música; de modo que se dirige a su tocayo Fernando García Morcillo, compositor de éxito sin relación familiar alguna, le pone delante la letra y le pide que espolvoree por encima un surtido de notas musicales. Repuesto del susto inicial, García Morcillo emprende la tarea y en poco tiempo, la vaca es un bailable que arrasa en la sala J´Ai de la Gran Vía, donde se estrena, y en cualquier otra.

Por todo ello existe un 85 por ciento de probabilidades para decir sin error que la vaca inspiradora de Jacobo Morcillo era lucense, circunstancia de la que nadie ha sabido sacar provecho salvo los dos Morcillos, que eran unos avispados.

Comenta