El ovni de Meyer

Rozas finaliza su condición de Aeropuerto Central de Galicia

El año 1950 fue pródigo en avistamientos ovni y uno de los momentos en los que el tema tuvo presencia permanente en los periódicos. En realidad, después de los testimonios modernos del siglo XIX, solo se había vuelto a abordar el fenómeno tres años antes, en 1947, cuando en Estados Unidos sucede el famoso caso Roswell y en España se produce el avistamiento de Balazote, en Albacete.

En ese año de 1950 se habla de platillos volantes con gran familiaridad y la prensa busca con ansiedad cualquier persona que tenga la más mínima información y que esté dispuesta a compartirla con los lectores.

De repente se descubre que esa persona existe, que está cualificada para abordar tan desconocido asunto y que por supuesto ¡vive en Lugo!

El mérito es del entonces redactor de El Progreso, Juan María Gallego Tato, que localiza en la ciudad a un testigo del ovni de 1947. No se trata de ningún mindundi despistado una noche de curda, sino del ingeniero alemán Werner Meyer, que Gallego Tato presenta a los lectores como “técnico del aire”, y cuya presencia en Lugo hay que relacionar, bien con la condición de Aeropuerto Central de Galicia que mantuvo Rozas, o más probablemente, con el sistema alemán Sonne-Consol de las llamadas torres de Arneiro. Asimimso, más que un “técnico del aire”, Meyer haya sido un técnico de ese sistema de vigilancia, vigente hasta años después de acabada la II Guerra Mundial.

El caso es que siendo poco o mucho el interés de las declaraciones de Meyer, toda la prensa española se hace eco de ellas, aunque escamoteando su origen, como tantas veces.

Hoy adquieren más valor porque Meyer habla del primer caso español del siglo XX. Mañana recordaremos su testimonio y algunas de sus equivocadas predicciones.

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