El reloj electromagnético

Campanario de Líncora

El sacerdote Benjamín Lovelle, párroco de San Pedro de Líncora, cerca de Chantada, escucha decir a su colega de Santa María de Pesqueiras que ha instalado un mecanismo electrónico en el campanario y que ese aparato le proporciona ventajas insospechadas, como por ejemplo, vestirse tranquilamente para misar mientras la campana cumple su oficio y avisa a los vecinos sin que él tenga que preocuparse lo más mínimo de los toques. Ni él, ni el campaneiro.

Aquellas palabras resuenan con fuerza en la mente inquieta de don Benjamín, que pronto imagina para su templo de Líncora un dispositivo más ambicioso que el de Pesqueiras, pues no solo se ocuparía de las campanas antes de la misa, sino del reloj entero.

Lovelle expone su idea a Darío Novo Besteiro, con conocimientos suficientes en mecánica y electrónica para llevar a buen puerto la idea que acaba de anidar en su cabeza. Así, después de tres años de pruebas y perfeccionamientos _ los que van de 1950 a 1953 _, San Pedro de Líncora cuenta con un reloj electromagnético, el primero de España con esas funciones, solo equiparable a otro que posee en Vigo el conde de Ozores, como así hace saber la Enciclopedia de la relojería, de José Daniel Barquero Cabrero.

El 9 de febrero de 1953 Benjamín Lovelle hace público su invento en colaboración con Darío Novo. Se trata de una caja de un metro de alto por 20 centímetros de ancho, que acoplada al reloj de la torre parroquial, acciona el martillo para marcar las horas, las medias y los cuartos con total exactitud.

También le incorporan una pila y consiguen que funcione durante un año sin necesidad de darle cuerda. Lovelle puntualiza entonces que el mecanismo solo es aplicable a los relojes de torre o de pared. La patente del reloj electrónico es de 1956, tres años después del de Líncora y seis, del de Pesqueiras.

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