Humor lucense

Currinche y don Turulato

La revistas de humor de antes de la guerra atraen clientela mediante concursos de chistes. El lector manda el que le parece más gracioso y con un poco de suerte se lleva las veinte pesetas que están en juego cada siete días.

Ésa es la teoría, porque en la práctica se intuyen otros tejemanejes, como por ejemplo, que los ganadores son falsos y que la revista se ahorra las veinte pesetas semanales.

El 22 de julio de 1933 un vecino de Lugo gana el concurso del semanario Gutiérrez, o eso anuncian encantados por tener un lector tan norteño. El afortunado se llama Recaredo Amando, por cuya verdadera identidad nadie debería apostar un duro, y la pieza que se alza con el triunfo está sacada de alguna antología de humor judío, de cuando buscar la sonrisa no significaba necesariamente hacer salvaje e inmisericorde escarnio.

Dice así: Jossel encarga un pantalón al sastre Rabinovich. Sí, como el Luthier fallecido. “Debe entregármelo mañana por la noche. Lo necesito pues debo partir de viaje. De lo contrario, iré a casa de Hirschberg”. “Cuente usted conmigo _ le dice el sastre_ . Le doy mi palabra de honor que lo tendré para mañana por la noche”. Rabinovich, perezoso, olvida el encargo del cliente y dos años después se acuerda. Lo hace deprisa y corriendo y va a entregarlo. Jossel le recibe de mal humor: “¡Rabinovich, es usted un sastre extraordinario!¡Necesita dos años para hacer un pantalón, mientras que Dios necesitó seis días para crear el mundo!” “Se lo ruego, Jossel; no nos compare a Dios y a mí. Mire usted cómo está el mundo y después mire qué maravilla de pantalón!”

El director de Gutiérrez es K-Hito, Ricardo García López, que había elegido ese seudónimo porque si Hiro Hito era el emperador del Japón, él sería el emperador de las historietas. Por cierto, uno de sus personajes se llamaba Currinche.

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