El Pombo de Lugo

Eduardo Lamela Pallín

La tertulia madrileña por antonomasia es la del Pombo, su sumo sacerdote es Ramón Gómez de la Serna y su Biblia son los tres volúmenes que el escritor dedica al establecimiento a lo largo de su vida.

Por si algo faltase para el rito, viene Gutiérrez-Solana y se marca una Última Cena con Ramón de oficiante en el momento de instituir la greguería en la sagrada cripta de Pombo. No es casualidad que bajo la pintura visible del famoso cuadro, los rayos X hayan descubierto en horizontal la imagen de un altar y una figura postrada como la que Solana refleja en otro cuadro, el de “Antes de la procesión”.

Para lo que a esta sección interesa, es hora de decir ya que ese templo de la tertulia literaria, la greguería y el ramonismo ubicado en el número 4 de la madrileña calle Carretas, esquina a San Ricardo, km 0 de las Españas, actual Consejería de Presidencia y Justicia de la comunidad, pared con pared de Zara, fue, desde su fundación a su clausura, un local vinculado a Lugo.

Por extraño que parezca, ni Ramón, con sus tres libros dedicados a La Botillería y Café de Pombo, ni César González Ruano que le hizo copioso homenaje antes y después de la muerte de los protagonistas, ni éstos mientras existieron, ni Lugo, ni Madrid, hicieron jamás mención a esta circunstancia, que siendo solo anecdótica, cobra mayor relevancia cuando se cumple este año el centenario de las proclamas de Pombo, que van a constituir la base del primer libro dedicado por Ramón al bar.

En lo que a la propiedad se refiere, la historia del establecimiento se resume con dos personajes nacidos en la provincia de Lugo. Su fundador, Benito Pombo Díaz, que lo bautiza con su apellido, y Eduardo Lamela Pallín, que se lo compra y lo regenta durante los años gloriosos de la tertulia.

Abundaremos mañana.

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