El murciélago de Ramón

Ramón con su maleta. Falta el murciélago

El 23 de septiembre de 1932 llega a Lugo Ramón Gómez de la Serna y se hospeda en el Hotel Méndez Núñez. Al día siguiente, sábado 24, debe pronunciar una conferencia en la Diputación organizada por el Comité de Cooperación Intelectual, la primera del nuevo ciclo de temporada.

La expectación entre los conocedores de las extravagancias ramonianas es enorme. ¿Con cuál nos obsequiará? Tiene varias en su repertorio. La del medio-ser, cuando aparece pintado de blanco y negro mitad mitad; la del trapecio, subido a él; la de Napoleón, vestido del tal, o la conferencia-maleta, que dicta nueve veces en su vida. Pues sí, una de ellas, en Lugo.

El show consiste en extraer diversos objetos de una maleta que él porta, transformado en viajante de ajenjo intelectual, y que le dan pie para mil historias y otras tantas greguerías.

En los minutos iniciales, Ramón ha preparado que se vaya la luz en el salón. Saca una vela, la enciende, vuelve la luz, la apaga y se la come. Tiene truco, la vela es de chocolate o dulce parecido.

Sin embargo, algo más extraño ocurre en Lugo. Al encenderse de nuevo las lámparas, un murciélago sobrevuela nervioso la estancia del consistorio provincial. El público ya no sabe si el murciélago lo pone Ramón o el presidente de la Diputación; si entra en el espectáculo o es un espontáneo. Más parece lo segundo porque no hay mención a él, y eso que el escritor le dedica varias greguerías, como aquélla que dice: “El murciélago vuela con la capa puesta”, heraldo negro del Drácula cinematográfico que ha de venir.

Ramón no se entera de su vuelo, pues a buen seguro sacaría partido a ese murceguillo que no se quiso perder la conferencia de un hombre que pasa media vida al lado de un lucense, como veremos mañana.

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