Tomás de Mos y Noboa

Doronicum árnica o montana

Si los premios Aresa que conceden Álvaro Rodríguez Eiras y la Universidad de Santiago estuviesen vigentes el año 1786, el jurado no habría tenido graves dificultades para decantarse por Domingo Antonio de Noboa y Feijóo, pues después de enseñar Medicina Quirúrgica y Química Botánica, el hombre se establece en Lugo como médico y boticario para desarrollar una brillante labor de vanguardia.

Ese año, la gente del rural y la capitalina se deshacen en elogios hacia Noboa después de conocer algunas de sus intervenciones; por ejemplo en la curación de Tomás, el hijo de 13 años de Juan Abad, vecinos ambos de San Xiao de Mos, en Castro de Rei.

En julio, Tomás conduce un carro cargado de leña y tiene la desgracia de caer desde lo alto para que una rueda le aplaste el cuerpo en su justa mitad, perdiendo el sentido y la movilidad.

Cuentan las crónicas que su única señal de vida es la frecuente expulsión de grumos de sangre por nariz y boca. El primer facultativo que lo atiende ordena que se le practiquen sangrías, pero claro, el niño empeora.

Llega el caso a Noboa cuando se cumplen los tres días del accidente y éste elimina las sangrías para establecer una sucesiva administración de árnica, la Doronicum arnica o herba cheirenta, entre otros cientos de nombres científicos o populares.

A los dos días, la mejora es evidente con el cese de las hemorragias, y a los once del accidente y octavo del uso del árnica, Tomás se levanta por su propio pie y donde había un candidato a cadáver, renace el chaval que antes era. Noboa, orgulloso de su intervención, comenta a la familia Abad que la recuperación del herido podría haberse conseguido mucho antes, si no se le hubiesen practicado sangrías. O lo que es lo mismo, la diferencia que existe entre saber y no saber.

Comenta