Diogo, el del acueducto

En este cómic de Santos Costa sobre Diogo se reconoce el nacimiento del asesino en Lugo, aunque no se precisa que fuese en Samos

Diogo Alves nace en Samos el año 1810 y por esa razón no es aventurado pensar que se bautiza con el nombre de Diego Álvarez o Álvez, transformado luego al uso lusófono por él, o por quienes le rodean.

Imaginemos también que nace en una familia sin posibles, con muchos hermanos y carentes de perspectivas que le garanticen la supervivencia, aunque caben otros supuestos, como por ejemplo, que sus mayores se desentiendan de él, o que quede huérfano.

El caso es que al cumplir los diez años es enviado a Lisboa para ganarse la vida, lo que nos lleva a nuevas especulaciones que lo permitan. Quizás haya viajado en compañía de otro vecino que emigra hacia la misma ciudad, o por lo menos, que allí tenga algún contacto de Samos; e incluso, que hubiese sido contratado a tiro fijo por una familia pudiente.

Aunque un rapaz de diez años en 1820 es alguien muy distinto en madurez y crecimiento a su equivalente actual, no basta para aliviar la dureza de ese traslado, seguramente a pie y con muchas noches a la intemperie. Qué decir si además Diego camina solo, con escasos medios y a merced de lo que se le cruce a cada paso.

Es evidente que lo finaliza sin mayores contratiempos y que comienza a trabajar en una o varias casas de lisboetas acomodados hasta que cumple los veintitantos, que es cuando su historia oficial lo sitúa a punto de comenzar una de las carreras criminales más despiadadas que se conozcan, tanto por el número de víctimas, como por la indiferencia y crueldad que Diogo dispensa a quienes tienen la desgracia de pasar cerca de su escondrijo, a las puertas del Aqueducto das Águas Livres, en cuyo extremo opuesto dispone de un castillete que es refugio de los monarcas para sus encuentros con las amantes, al mismo tiempo que el asesino se harta de lanzar cadáveres al vacío.

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