Epílogo de Lolita

La historia de Lolita continúa en A Pobra do Brollón

Ayer dejamos a Lolita Conde Gestal detenida en Ourense y ciertamente ése es el final de su historia, al menos hasta donde hemos podido rastrearla; pero con ella no se pone punto y final al gran apego que su familia siente por los sucesos. Veamos.

Ahora nos situamos en el verano de 1931, dos años más tarde. Dolores Gestal Padín, su madre, es vecina de Ourense, pero posee una casa en Santa Comba de Fornelas, municipio de A Pobra do Brollón, a donde acude en esos meses para mitigar los calores con los que la Ciudad das Burgas castiga a sus habitantes.

Es el 13 de agosto y Dolores, de 70 años, ya lleva allí una temporadita de calma y mantas por la noche. No podemos certificarlo, pero es de imaginar que o bien ella, o bien su marido, el señor Conde, que no aparece por ninguna parte, son originarios de Fornelas y allí mantienen la casa familiar.

Dan las once de la noche y la tranquilidad estival se ve interrumpida por tres golpes. Se asoma y comprueba que es su otro hijo, el hermano de Lolita, que también reside en Ourense con su esposa.

No lo esperaba, pero naturalmente le franquea el paso. Se llama Juan Conde Gestal y es sargento de Infantería. Una vez dentro, Juan le dice a su madre que encienda la luz, y cuando procede a hacerlo, el militar descarga sobre ella dos disparos que la dejan tendida en el suelo.

Juan cree que ha matado a Dolores y con eso tiene suficiente, por lo que marcha, se supone, de regreso a Ourense. Pero la mujer sobrevive y es conducida en automóvil al Hospital de Santa María de Lugo, donde le aprecian dos heridas en el muslo y la región glútea, calificadas de graves.

Aquí puede declarar que Juan y ella llevan un tiempo reñidos por cuestiones, cómo no, de dinero. Dentro de poco Dolores tendrá a sus dos hijos en la cárcel.

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