El escultor Noya

Cabecera de El Motín

El Motín, el semanario creado por José Nakens, hizo bandera de republicanismo y anticlericalismo a partes iguales. En mayo de 1913 disfrutó de lo lindo con un caso sucedido en Lugo del que tuvo noticia a través del diario que dirigirá Santiago Casares Quiroga, Tierra Gallega.

Sucede que el 18 de abril de ese año fallece en su domicilio de Bispo Izquierdo 15 “el joven y competente escultor Jesús Noya”, y al día siguiente se celebra en A Nova el funeral por su alma, seguido del entierro religioso en el cementerio lucense.

Noya se gana el pan gracias a la Iglesia en el cuidado y restauración de las imágenes, pero en su ánimo anidan profundos sentimientos laicos, además de una profunda melancolía existencial.

Misántropo, laico al servicio de la Iglesia y con ganas de dejar este mundo, Noya cae enfermo de gravedad, adquiere una pistola y se pega dos tiros sin éxito, pues sigue vivo. Enfermo, pero vivo.

Ahora su preocupación es que la curia lucense le prepare honras católicas cuando suceda lo que parece inevitable. Por caminos que desconocemos _ bien porque se la envía el propio Noya, o por intervención de terceros _, las cabeceras mencionadas se hacen con una carta que el escultor dirige al juez de instrucción de Lugo en la que escribe: “Amigos míos: Me despido de todos, pues estoy de un día para otro. Ya conocéis mis ideas. Soy ateo y os suplico que impidáis, como última voluntad mía, el que toquen por mí campanas, ni me entierren en Campo Santo, ni vengan curas detrás de mi cadáver. ¡Bastante tiempo tuve que ser hipócrita, es decir, hipócrita no: pero tuve que callar y ocultar los nobles pensamientos del Progreso, de la Libertad y de la Fraternidad, ante los ruines de opresión, de esclavitud y oscurantismo!”

La carta y la confirmación de su entierro católico suena a música celestial en los oídos de José Nakens.

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