El púgil Carballeira

Calvo Sotelo mitineando, no en Pontevedra

El 30 de julio de 1934, Renovación Española celebra su mitin central gallego en la plaza de toros de Pontevedra. Hay teloneros destacados, como Honorio Maura, el hijo de don Antonio, que será asesinado por los anarquistas dos años más tarde; el médico, etnógrafo y alcalde de Pontevedra, Víctor Lis Quibén, y el factotum del Monopolio de Petróleos, Andrés Amado; pero la estrella del acto es Calvo Sotelo, futura víctima también de la inquina que se cuece.

La convocatoria de RE es un éxito, pero la prensa republicana no le hace ni el más mínimo hueco a quienes se tildan de monárquicos, un defecto que se arrastra hasta nuestros días con un regusto cainita que tira para atrás y que dice bien poco sobre madurez política.

La excepción a ese silencio sobre el mitin pontevedrés la ofrece el Heraldo de Madrid, que habla de la capea allí celebrada _ ya que tiene lugar en plaza taurina _ y trata de desprestigiar las ovaciones que recibe Calvo Sotelo diciendo que los vítores se confunden de personaje, pues a quien dedican sus aplausos no es a él, sino al boxeador lucense Carballeira, que es esperado para intervenir en una velada ese mismo día, pues tiene unos rasgos faciales muy parecidos a quien fue vecino de Lugo en su etapa de bachiller, el hijo del juez Pedro Calvo y Camina.

La burda manipulación del Heraldo no tiene sentido. Quienes aplauden a Calvo Sotelo saben muy bien lo que hacen, y si Carballeira tiene admiradores, lo vitorean en el ring.

E l acto de Pontevedra deja para la historia el certero vaticinio que Calvo Sotelo hace de su suerte, pues en un momento de su intervención dice a los presentes: “Si mis doctrinas os convencen, seguidme; si me equivoco, abandonadme, y si me matan, vindicadme”.

Dos años menos quince días más tarde, la tercera de las opciones se cumple con exacta clarividencia.

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