La ciudad no es para mí

El lugar de los hechos

Francisco López y López es un sarriano de 56 años y luengas barbas canas, que reside plácidamente con su familia en Barbadelo, como el buen conocedor de la provincia intuye por sus apellidos.

El viernes, 1 de junio de 1928, se traslada a Lugo en compañía de un hijo de igual nombre para diligenciar asuntos de quintas en la Diputación. Allí permanece toda la mañana y cuando son las 15,30, deja a su hijo callejeando y él se dirige al nº 2 de la plaza de Santo Domingo con objeto de visitar a Manuel Pérez Batallón, propietario del inmueble y vecino del 2º piso.

Fuese porque la vorágine ciudadana de Lugo, siendo poca, es mayor que la de Barbadelo, porque en la Diputación le marea el papeleo, o por otras razones, el caso es que Francisco se confunde de piso y trata de penetrar en el 1º del citado edificio, a donde hace poco ha trasladado su consulta el odontólogo Vicente Magadán Vidal.

La puerta no se abre, Francisco se altera más de lo razonable y gracias a su fornida naturaleza, logra abrirla de dos embates. La confusión va en aumento. Aquella no es la casa de Pérez Batallón y allí se encuentra con el auxiliar del dentista y un grupo de dolientes que aguardan la llegada de Magadán. Demasiado barullo para una mente que comienza a patinar sin remedio.

El hombre ataca todo cuanto ve y especialmente se ceba en las vitrinas del cristal donde Magadán guarda los instrumentos, ocasionándose graves heridas en la mano derecha. A la vista de una ventana, se arroja por ella al patio interior mientras grita: “¡Viva Lugo! ¡Viva Sarria!” Salta tapias y tejados con una habilidad que la prensa califica de olímpica, hasta que una pareja de tricornio, avisada por el mancebo, logra reducirlo y llevarlo al hospital, donde el doctor Latas no da un duro por su mano. Su hijo dice que jamás había dado muestras de enajenación hasta llegar a la ciudad.

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