La primera víctima

Esquela de Inocente

Los historiadores del fútbol citan la muerte del jugador del Sevilla Pedro Berruezo como la primera que se produce en un campo español. Ocurre el 7 de enero de 1973 en el Pasarón de Pontevedra.

Sin embargo, 45 años antes en Lugo se registra una desgracia pionera de la que nadie se acuerda, ni siquiera en la ciudad. Era el 20 de junio de 1928 y en el campo del Polvorín _ stadium, le llaman los más rumbosos _, se disputa un amistoso entre el equipo Adelanto y una selección de Lugo. Mitad entrenamiento, mitad entretenimiento.

De repente se desencadena la tragedia. Uno de los porteros recibe un fuerte balonazo y en su afán por disputarle la posesión, un delantero rival confunde el cuero con la cabeza del muchacho y la golpea en su chut.

El arquero se desploma conmocionado, el partido se interrumpe y al ver que no reacciona, lo conducen a la consulta del médico más cercano, la de Ricardo López Pardo en la plazuela de A Nova, o de Ángel Fernández Gómez. El doctor advierte la gravedad del caso y ordena su traslado al hospital, donde lo atiende José Lomas.

La lesión es gravísima. Se interviene en la medida de lo posible y se logra estabilizarlo para que quede encamado en la Sala San Antonio. Sin embargo las perspectivas son fatales y en efecto, a las cuatro de la tarde del día siguiente fallece.

Se trata de Inocente García-Blanes Ferreiro, un mecánico de 20 años, cuya madre, Juana Ferreiro Neira, ya es viuda y vive en la Plazuela del Colegio, al lado del Círculo. La autopsia encuentra en Inocente la comprensión del bulbo por hemorragia cerebral y rotura de la vesícula biliar.

El entierro es multitudinario y al lado de la familia figuran los directivos y jugadores del Lugo Sporting Club, porque Inocente era querido y apreciado por todos.

Comenta