Morir en San Clodio

Ricardo Bellod Keller

Los aviadores españoles en la guerra de África forman el grupo Rolls, así conocidos por la marca de sus motores, adquiridos después del desastre de Annual.

Uno de ellos es el teniente Ricardo Bellod Keller, que participa en 144 vuelos sobre las líneas enemigas. Dicen que cada aparato español está marcado al menos con ocho impactos de bala y que lo extraordinario es regresar sin ninguno.

Bellod Keller se distingue en la acción de Ras-Tikermin de 1921, cuando vuela como observador con el piloto Hidalgo de Quintana, que es herido y él debe hacerse con el mando del avión. Recibe la Medalla Militar y en 1926 alcanza el empleo de comandante.

Cuatro años más tarde se casa en Madrid con María Victoria Batanero Maseda, hija del millonario lucense Manuel Batanero y Flórez, a pocos meses de fallecer en el nombrado Pazo Batanero de San Clodio, en Ribas de Sil. En la ceremonia firman como testigos el general Sanjurjo y los pilotos Gallarza y Ansaldo, entre otros.

El 18 de octubre de 1932, cuando Bellod está destinado en León, realiza un vuelo a San Clodio, para aterrizar en el Prado da Abadía, como había hecho otras veces. Allí le espera María Victoria con el primer hijo de la pareja en brazos. Pero algo falla. La rueda delantera del aparato se incrusta en tierra, pierde el control del avión y no puede detenerlo hasta que choca con el cierre de la finca, lo que ocasiona su incendio inmediato.

La vecina Aurita Arias se lanza en auxilio de Bellod y de su copiloto, el capitán Pardo. Corta los cinturones que los mantienen atados a la carlinga y los saca, pero las quemaduras sufridas determinan su suerte y el comandante Bellod morirá en el Pazo Batanero de San Clodio dos días después. Él, que había desafiado cientos de balas enemigas.

Un comentario a “Morir en San Clodio”

  1. José guerrero

    Querido amigo José.
    Como siempre te sigo leyendo desde Vero Beach,Florida donde he recibido el Nuevo Año.
    Un fuerte abrazo.
    Guerrero

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