Un coscorrón histórico

El Lerroux más cercano a su época de Lugo

El 23 de septiembre de 1932 llega a Lugo Alejandro Lerroux. En aquel momento solo es diputado y presidente del Partido Radical, pero ya fue ministro de Estado y un año más tarde presidirá por primera vez el Consejo de Ministros.

Viene de tomar las aguas en Mondariz y se hospeda en el Méndez Núñez. Ha hecho ese desvío en su tránsito hacia Madrid para reunirse con los seguidores lucenses, entre ellos, Rafael de Vega Barrera, diputado por su partido, y continuar luego hacia Santander.

Concede una entrevista y cuando los periodistas le preguntan si ya conocía Lugo, se llevan una gran sorpresa, pues el político les dice: “Lo conocí antes de que ustedes nacieran”. Ya hemos contado alguna vez las circunstancias en que se produce esa anterior presencia de Lerroux en la ciudad y volveremos sobre ella en próximas entregas, pero ahora nos interesa fijarnos en el párrafo con el que finaliza su respuesta, cuando dice: “En esta ciudad tuve yo en aquellos tiempos una novia muy guapa por cierto, y que aún vive hoy”.

¿Quién era esa lucense que podría haber cambiado los destinos de este peculiar personaje, y con él, los de España?

Los periodistas que le entrevistan no lo saben, pero hoy está desvelado el misterio, aunque él mismo la oculta en sus memorias. Se llama Juanita Currás y es estanquera en el centro de Lugo, además de maestra. Lerroux se abastece de cigarros en su tabaquería y como buen picaflor que es, pretende que los fumen juntos, recostados en una chaise-longue, como Sarita Montiel.

La gente los tiene por novios, pero ella establece unas líneas rojas infranqueables. Una tarde Juanita se sube a una escalera para organizar las cajas de habanos o peninsulares y Alejandro ve la ocasión para echarle mano a las pantorrillas, recibiendo como respuesta un coscorrón admonitorio. Quién sabe si de no habérselo dado, el hombre echa raíces en Lugo.

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