La Venus de Carballeda (y II)

El Pazo de Orbán e Sangro, la casa familiar en Lugo

Como es de Artillería, el coronel Castro y Figueroa se pone a tiro y Ramona le hace la envolvente. Vamos, que se lían, y donde había amo y criada, hay ahora amor y sexo. O por lo menos, lo último.

Consolidada la nueva situación, la mujer simula una enfermedad que la pone al borde de la muerte. Con ello quiere conseguir que se unan en matrimonio y que el militar prohije a la niña de la Inclusa, sacándola de allí.

Todo lo consigue la hermosa estratega, pero quien muere al poco tiempo es don Celestino, dejándola con bienes más que suficientes para que se pavonee ante la sociedad coruñesa como rica y apetitosa heredera.

Tanta exhibición solo puede traer como resultado el anuncio de una próxima boda, la tercera en la cuenta de Ramona, esta vez con un joven de su agrado. El compromiso dispara las alarmas en las familias Castro Figueroa y Sangro, que ven volar una parte magra de su patrimonio.

Averiguan que Ramona sigue casada con el guardia civil Mato, por mucho que permanezca en Cuba, y pleitean por delito de bigamia que anule el matrimonio con don Celestino por falsedad documental.

El escándalo es inevitable y quienes no estaban enterados del bochinche, ya lo están. La prensa gallega pronto encuentra apodo para Ramona, bautizada como la Venus de Carballeda. Todas las cabeceras divulgan sus artimañas amorosas.

Al frente de la rebelión familiar está Víctor López Riobóo, sobrino del biólogo Seoane y marido de la hija de Celestino, María de Castro-Figueroa Sangro. Pero agotadas las vías judiciales, Ramona sale triunfante y se entroniza como viuda de pleno derecho, al considerar los tribunales que la familia no quería castigar sus triquiñuelas, sino arrebatarle la herencia. La Venus de Carballeda vence en el foro, ella que nunca ha sido muy de leyes.

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