El último milagro (y II)

La patrona de Lugo

La evolución de los enfermos se mantiene dentro de la gravedad diagnosticada. Ramona sufre un ataque tan fuerte que se la da por muerta, pues ha tenido un paro cardíaco durante segundos del que se recupera gracias a unos masajes.

José nota cierta sensibilidad en las piernas, pero apenas puede dar dos pasos y guarda cama sin mejor perspectiva.

Ramona, que nunca fue de muchos rezos, recurre a las más altas instancias en busca de ayuda. Le pide a la virgen dos Ollos Grandes que le permita vivir a su marido, aunque sea paralítico y se ofrece para ir de rodillas desde el Campo da Horca hasta su capilla en la catedral donde depositar una vela tan alta como el enfermo.

El ofrecimiento se realiza un miércoles y el jueves, antes de iniciar el recorrido, se produce el milagro. De su casa en Campo da Horca los vecinos ven salir a Ramona, de rodillas, y a su marido al lado, andando sin muletas ni bastón. Muchos los acompañan llenos de asombro.

El cronista de El Progreso visita al matrimonio en compañía del doctor Latas Folgueira. Reciben a multitud de personas con la sonrisa en los labios. Se deshacen en agradecimientos a Dios, a la patrona de Lugo, a todos los lucenses, al médico y a la familia Saavedra, todos los que colaboraron en lo que para ellos es el último milagro de la Virgen.

Jesús Latas dice a todos desde su conocimiento que la curación por yoduro y mercurio no es ninguna novedad, pues está demostrada su eficacia cuando se aplican a tiempo, aunque en su caso es sorprendente por el carácter radical y por lo arraigada que estaba la sífilis. La ciencia puede explicar lo que ha sucedido, pero, como ocurre en todos los órdenes de la vida, sin el auxilio de Dios no se conseguiría nada. Y ése es su humilde criterio.

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