Pujol, siempre doble

Araceli con su hija Mª Eugenia paseando con dos amigas por la Rúa Raíña

El ayuntamiento de Madrid dispone el cambio de nombre en las calles. Nadie duda que ha de ser urgente la medida, o que hay prisas por ponerse la medalla, porque a la hora de comunicar la lista de afectados, se confunden de personajes, o meten en el saco a gente que no les corresponde. Qué más da. Dios sabrá distinguirlos en el cielo.

Uno de los afectados es Juan Pujol Martínez, que fue anarquista, germanófilo y excelente cronista de guerra hasta que acaba como jefe de Prensa y Propaganda de Franco y ésa es su perdición callejera.

Bueno, pues los rompetechos del ayuntamiento lo han confundido con Juan Pujol García, Garbo, casado con la lucense Araceli González-Carballo González, protagonistas de una increíble historia de espionaje casero que facilita el desembarco de Normandía engañando a Hitler.

Como al redactor de la biografía no le suena que se le quite la calle a alguien así, pensó que haber recibido la Cruz de Hierro significaba también estar “bajo el mandato de la Alemania nazi”. Hace un pan con dos tortas, y vía.

Pujol el Bueno estuvo en Lugo al menos en dos ocasiones. En 1940 viene para conocer a la madre de Araceli, Margarita González Pérez. Su padre, Salvador González Carballo, se había muerto el 26 de noviembre de 1936. También conoce a sus hermanos, Blanca, Salvador y Ramón, alguno de los cuales tendrá un papel relevante en el tinglado que están a punto de organizar. Como Juan y Araceli se marchan a Lisboa haciendo creer a los alemanes que van a Londres, queda la duda por saber cuál de los destinos dicen a Margarita que tomarían, el peligroso Londres bombardeado a diario, o la plácida Lisboa. Si dicen esta ciudad, corren el peligro de que los alemanes interroguen a Margarita y los descubran.

Después volverá a Lugo en 1945, acabada la aventura, haciéndose pasar por un comerciante de éxito.

Un comentario a “Pujol, siempre doble”

  1. sergio

    Trato a una persona de las pocas que van quedando de aquella época y me comenta que era un secreto a voces que el marido de Araceli andaba en cosas raras. No se sabía exactamente en qué, pero el run run lo había.

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