Peor que no ganar es perder

El tercero, en Cospeito

Hoy es un día oportuno para recordar a Manuel Fernández Varela, no a quien Rossini dedica su Stabat Mater a cambio de bien comer, sino a otro que usó su mismo nombre y que allá por el fatídico 1936 es vecino de Santa María Madalena de Mougán, la parroquia del pimiento de Guntín.

Y es oportuno porque a muchos, la fecha de hoy pide encontrar consuelo y Manuel lo da.

Ocurre que el 12 de junio de aquel año, a un mes vista de las hostilidades, a Manuel se le muere el suegro y ha de acercarse a Lugo para comprar un féretro. Le dicen que en la calle Miño los venden a buen precio y allá se dirige, pero en la plaza de Aureliano J. Pereira lo aborda un señor de buen porte que se identifica como foráneo. Le pregunta si sabe dónde se cobran los billetes de Lotería premiados, porque tiene uno agraciado con el gordo, o eso le han dicho.

En ésas aparece un tercero que saluda al forastero con grandes abrazos. Son amigos de viejo. Acaban y también le cuenta la misma milonga, añadiendo que debe marchar esa tarde y que les recompensaría muy bien si le arreglan la papeleta lotera.

El tercero, como buen ciudadano que es, irá a buscar la lista oficial en casa de un conocido y comprobar si es verdad. Lo es. Le han correspondido 10.000 pesetas del ala, una millonada.

El amigo se ofrece ahora para cobrar el décimo y con el fin de que no desconfíe, le acompañará Manuel, dejándole ambos en prenda lo que lleven encima. Después ya les pagará con una propineja.

Marchan en efecto por la calle de la Cruz y a la altura de la farmacia, el tercero se detiene bruscamente: “¡Qué olvidadizo soy! ¡Tengo que devolver la lista! Quédate con el décimo, que ahora vuelvo”. No lo hizo, claro y Manuel, después de mucho esperar, se entera de que no está premiado. Lo peor fue volver a Mougán, sin féretro, ni dinero.

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