A hacer amigos

Desde el minuto uno se empezó a perfilar el triunfo del bloque de izquierdas. Para pensar en el otro faltaban números, pero al final, todo está en un puño sumando los cuatro grandes de dos en dos.

Las paradojas del 20D son sobresalientes. El partido ganador es el más triste desde 1977. El segundo obtiene sus peores resultados históricos pero que no puede estar más contento, porque de sentirse arrinconado, llega incluso a verse en La Moncloa. El tercero viene a revolucionar el panorama y da brincos exultante, porque ese puesto le sirve para sentirse ganador. Y un cuarto que pasa de 0 a 40 y le sabe a poco.

Con todo, se confirma lo que los amigos de la gobernabilidad se temían de la jornada, y es que a su término no se podría saber el nombre del presidente del Gobierno.

El hombre que recibirá el encargo del Rey será Mariano Rajoy. No es factible, aunque sí posible, que se lo encargue en primer lugar a Pedro Sánchez por mucho que imagine que tiene sobre el papel más opciones que el ganador.

La segunda parte es que Mariano Rajoy no lo consiga, a pesar del empate técnico entre bloques, poco más o menos, a la espera de los últimos escaños por asignar. A partir de ahí, nos quedaremos a la espera de las combinaciones, la primera de las cuales, PSOE-Podemos, presenta los más altos costes políticos que suponerse pueda. Pero eso es adelantarnos en el tiempo.

Dos cosas están claras, el Parlamento se ha fragmentado como nunca y las perspectivas de gobernar están más abiertas que en las elecciones precedentes. No estamos acostumbrados a tanta incertidumbre, pero entra dentro de la más absoluta normalidad. Y la segunda, tangencial, es que Artur Mas ha firmado la voladura de la anterior CiU partiéndola por la justa mitad, de 16 escaños a 8. Queda mucha tela por cortar y muchos retales que unir.

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