Un lucense en la Paramount

Fletita, rescatado de una vieja fotografía en El Progreso

En el año 1932 los lucenses conocen los éxitos internacionales de uno de sus artistas más rimbombantes, el tenor de Becerreá Jesús Salvador García Vázquez, a quien en Barcelona, por vía propia o interpuesta, se le había dado el apodo de Fletita, homenaje onomástico a Miguel Burro Fleta, el tenor lírico spinto de Huesca que por supuesto nunca utilizó su primer apellido en los carteles, sino el segundo, el gran Fleta, padre de las hermanas del mismo apellido que polularizan El cha-cha-cha del tren, entre otros hits de la radio.

Sin cumplir los 30, Fletita, nacido en Becerreá, ya había triunfado en el Liceo de Barcelona y allí se le recuerda por sus Marina, Tosca y Rigoletto. Pero siendo muy apreciable que un compatriota endulce el oído de los catalanes en el montaje de obras tan señaladas y escenarios tan distinguidos, no es comparable a saber que ha sido contratado por la Paramount para rodar varias películas en los estudios de Joinville (París), destinadas a las pantallas españolas.

En ese momento, julio del 32, se habla de su concurso en dos títulos, El príncipe sin par y En la isla encantada. Y no solo eso, porque después a Fletita le espera una tourné que le llevará a los mejores teatros europeos y a Egipto; para regresar de nuevo al Liceo de Barcelona.

El tenor vuelve a Lugo en diciembre de ese mismo año y aquí pasa las Navidades. También lo hace en enero del 36, cuando ofrece un concierto en el Teatro Círculo, donde ofrece como propina Meus amores. En ese año trabaja en Madrid.

Fletita, como tantos otros, va a ser víctima de la vorágine de 1936. Curiosamente, Fleta era falangista y se refugia en A Coruña. Él es detenido el 26 de julio de ese año, juzgado por rebelión y condenado a muerte, una pena que será conmutada por la de cadena perpetua, a cumplir en las islas Canarias. Después, el olvido.

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