El enemigo interior

Víctima y escenario del ataque

Vamos a imaginar que cualquier noche, la del último viernes, por ejemplo, circulas tranquilamente en coche por la ronda de la muralla y de repente escuchas un gran estruendo acompañado de la rotura del parabrisas. ¿Yihadistas? ¿Basura espacial? ¿Llueven calderos?

No. Aparcado el vehículo, se descubre al instante que dos imbéciles gritan desde el adarve reivindicado su hazaña. Han arrojado sendos botellines de cristal con gran puntería, lo que demuestra que se afanan desde hace tiempo en entrenamientos concienzudos para lograr el éxito de su magna obra. Luego corren henchidos de gozo.

La noche y la distancia impiden precisar la identificación, pero sin demasiado riesgo al error, se intuye que los autores del botellazo han estado sometidos a un régimen de educación obligatoria durante un período mínimo de diez años, y de ahí para arriba, lo cual nos lleva a pensar que la generación mejor preparada de la historia presenta no pocas lagunas en Urbanidad, Educación para la Ciudadanía, Filosofía, Historia, Ética y otras materias que seguramente reciben la consideración de marías, o como hoy gusten llamarlas.

Los policías que recogen la correspondiente denuncia de un delito, que bien podría calificarse de homicidio frustrado, confirman que hechos similares vienen sucediéndose en la ciudad de las murallas, o desde las murallas, durante el último mes y medio; vamos, que no es fruto de una borrachera ocasional, sino que tenemos al enemigo dentro, bien cuidado y mejor alimentado, pues los botellines utilizados son de marca.

Vamos a imaginar que todo eso hubiera podido suceder, porque en realidad así ha sido, o mejor dicho, está siendo. De modo que circulen con cuidado cerca del patrimonio de la humanidad, antes baluarte defensivo, convertido hoy en plataforma de ataque.

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