La niña de Gobernación

Toribio Laforga

Mediada la segunda década del XX, Adelaida Novo Rodríguez abandona la aldea de Lugo donde nace para hacer por la vida mundo adelante. Su destino es Madrid. Allí encuentra trabajo en una casa de Ferraz, la calle del PSOE. También se enamora, pero el chulapo de quien lo hace se marcha a Cuba, no sin antes dejarla embarazada.

Y como las desgracias nunca vienen solas, la señora de Ferraz la pone de patitas en la calle al comprobar el crecimiento de su barriga. Triste, sola y llorosa, Adelaida deambula a las diez y cuarto de la noche del 2 de agosto de 1920 por la Puerta del Sol. En el centro justo de la plaza, inicio de todas las carreteras, eje oficial de las Españas, Adelaida siente el aviso de un parto inminente.

Julio Arratia, guardia civil de puertas en el Ministerio de la Gobernación, advierte los latigazos y los quiebros de la mujer. La socorre y la traslada al portalón del edificio. Comunica la situación a su superior, Florencio Vélez, y éste acuerda que sea trasladada al cuarto de los agentes de Vigilancia, a la espera de un obstetra.

Pero no puede ser. En las escaleras que bajan a ese lugar, Adelaida alumbra a una niña rodeada de tricornios. Luego llega el médico de beneficencia municipal, el vallisoletano Toribio Laforga, de méritos ampliamente contrastados, que auxilia a las dos mujeres y las conduce a la Casa de Maternidad.

El subsecretario Ruano informa al ministro, a la sazón, Francisco Bergamín, padre del escritor José. Ha ocurrido un acontecimiento sorprendente, y único hasta la fecha. Una española ha nacido en un ministerio, el de Gobernación nada menos. Algo bueno querrá decir.

El diario La Libertad propone que la niña reciba el nombre de Sol, por la Puerta, y que la apadrine Bergamín, qué menos. Ése fue el día de la efímera fama de Sol Novo.

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