Civilizados o no

Todos estos, y muchos más, hicieron civilización

La Alianza de las Civilizaciones estaba condenada al fracaso desde el minuto uno, no porque se diesen mal los pasos, o por flojera de entusiasmo, de financiación o de buena voluntad, sino por falta de civilizaciones con las que aliarse.

Si por el medio hubiesen aparecido los ummitas, los de Raticulín o los de cualquier otro modelo extraterrestre que pudiesen plantear una alternativa válida, la Alianza habría tenido su razón de ser, pero mientras el contacto no se produzca, las habas están contadas; o hay civilización, o no la hay.

Estos días de convulsiones han reaparecido coletazos de ese espíritu aliancista en voces que reclaman diálogo, análisis y condescendencia, como si la parte contraria fuese otra civilización cargada de razones, y no de kaláshnikov y explosivos, como si no los hubiésemos visto cortar cabezas, ahogar o defenestrar semejantes, precisamente por pertenecer a la civilización, que es un estado evolutivo de muy difícil conquista, donde se permite la libertad de culto, la libre circulación de las ideas y el reconocimiento de las distintas opciones sexuales, pero no se admite poner en duda el valor de la vida, ni la imposición por la fuerza de regímenes o conductas contrarias a todo lo anterior.

Ha costado mucho y las enciclopedias están repletas de episodios, de sabios y de héroes que se dejaron las cejas y la vida para conseguirla, como para que ahora aparezcan unos arrapiezos intelectuales de colmillo retorcido con ínfulas imperialistas, dispuestos a arrasar con todo y encima les demos categoría de civilización con derecho a sentarse para discutir en un simposio internacional si el imperativo categórico kantiano es o no es un sofisma.

Antes de todo eso, como mínimo, tendrán que pasar por la escuela, el instituto y la universidad.

Un comentario a “Civilizados o no”

  1. Aureliano Buendía

    No sé de donde habrá sacado Cora la fotocomposición que encabeza la bitácora de hoy, pero estoy seguro de que un examen individualizado de la misma serviría para debate.

    La derechona irredenta pondría en solfa la presencia de Marx, y supongo que la izquierda ignara tendría que objetar a la fotografía de Heidegger, a quien algunos quieren presentar (falsamente) como inspirador del nazismo.

    De todas formas, lo mejor sería una encuesta, en la que se presentara el susodicho fotomontaje, y se preguntara al personal sobre cuántas de las imágenes reconoce.

    A mí, que soy hombre de poca letra, se me escapan buena parte de las mismas, pero estoy seguro de que habrá muchísima gente que no conocería a ninguno.

    Y es normal. ¿A quién se le ocurre presentar una galería de pensadores, pudiendo hacerlo de futbolistas?.

    No lo olvidemos nunca: tenemos el país que nos merecemos.

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